{"id":12046,"date":"2015-12-01T01:11:00","date_gmt":"2015-12-01T04:11:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/?p=12046"},"modified":"2023-12-19T16:05:09","modified_gmt":"2023-12-19T19:05:09","slug":"lucy-una-joven-inesperada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/lucy-una-joven-inesperada\/","title":{"rendered":"Lucy, una joven inesperada"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"12046\" class=\"elementor elementor-12046\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-a450e49 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"a450e49\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\" data-settings=\"{&quot;background_background&quot;:&quot;classic&quot;}\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-a088c9c\" data-id=\"a088c9c\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-50d9c79 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"50d9c79\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>Los y las j\u00f3venes participan de m\u00faltiples vidas ciudadanas, entre las cuales hay que incluir tambi\u00e9n la de convivientes de una familia. Es en este \u00e1mbito, en el familiar, donde suelen tener lugar dos de los principales rasgos problem\u00e1ticos de esta etapa de la vida, la sexualidad y la violencia, fen\u00f3menos en los cuales las mujeres llevan la peor parte. A continuaci\u00f3n, algunos datos para tener presentes.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-44712ba elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"44712ba\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-52cb442\" data-id=\"52cb442\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-edbcaff elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"edbcaff\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#autorxs\"><em>| Por Eva Giberti |<\/em><\/a><\/p><p>Si se trata de edades, los j\u00f3venes conviven en el mundo junto con los viejos y las viejas, con las ni\u00f1as y los ni\u00f1os, con quienes est\u00e1n por nacer y con las personas no humanas como nuestra orangutana Sandra y sus semejantes. El decir popular y las disciplinas t\u00e9cnicas nuclean por edades a las poblaciones con la pretensi\u00f3n de ordenar las diferencias etarias, como un indicador que ayude a pensar. Si clasificamos por edades resultar\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil entender a las personas porque se supone que, concentradas, el transcurrir de los a\u00f1os acumular\u00e1 experiencias semejantes. Los j\u00f3venes de veinte a\u00f1os se parecer\u00e1n entre s\u00ed y diferir\u00e1n entonces de quienes tengan treinta. Pero sabemos que hablar de juventud con criterio etario es insuficiente porque elude el contexto.<\/p><p>Si se trata de \u201clos j\u00f3venes\u201d imagin\u00e1ndolos en vertiginosa juventud con destellos de futuro se espera que iluminen nuestros horizontes como garant\u00eda de promesas bellas y triunfantes. Como un term\u00f3metro en espera de la temperatura se privilegi\u00f3 para los j\u00f3venes el estatuto de la \u201cmoratoria social\u201d, hab\u00eda que esperarlos hasta que llegasen a la adultez.<\/p><p>Los j\u00f3venes, por su parte, son varones, mujeres, personas LGTTBI, sujetos que pueden participar de las m\u00faltiples vidas ciudadanas. Forman parte de esa estratificaci\u00f3n etaria donde se los cobija; hablamos de ellos porque amamos ser \u201clos mayores\u201d, nos entusiasma lo distinto que ellos introducen, as\u00ed como se nostalgia lo perdido y se anhela lo inalcanzable.<\/p><p>Los j\u00f3venes arrastran consigo las m\u00faltiples ilusiones de aquellxs que consideran \u201clos otros\u201d, es decir, nosotrxs. Las ilusiones, cuando de j\u00f3venes se trata, reclaman una revisi\u00f3n y quiz\u00e1s una transformaci\u00f3n, ya que f\u00e1cilmente quedamos entrampados en la marca de la ilusi\u00f3n y las creencias que regulan las opiniones acerca de ellos; ilusiones y creencias que desfiguran el futuro al pretender anticiparlo mediante la soleada y luminosa figura de \u201clos j\u00f3venes\u201d que mejorar\u00edan todo aquello que, en el mundo, incumplimos o amputamos.<\/p><p>El psicoan\u00e1lisis nos apunta la idea de reducir la ilusi\u00f3n, soltarnos de la atadura y las creencias, particularmente de aquellas que nos conducen a confiar en quienes creemos ser; reducci\u00f3n que nos advierte los riesgos que acechan nuestras conciencias y nos conducen a proyectar en \u201clos j\u00f3venes\u201d las esperanzas de aquello que se denomina un mundo mejor. Sin encaramarse ni sumergirse en ilusiones que otros deber\u00edan protagonizar.<\/p><p>Vemos a los j\u00f3venes como personas distintas si las comparamos con nosotrxs, pero recordamos que camin\u00e1bamos igual que ellos, nos enga\u00f1\u00e1bamos como ellos, tal vez so\u00f1\u00e1bamos como algunos de ellos; la existencia de la juventud es un fen\u00f3meno existencial previsto que necesitamos recortar y anudar como espacio propio de nuestra historia personal.<\/p><p>En la Argentina tenemos j\u00f3venes con historia social propia, algunos porque inauguraron su derecho al voto a los 16 a\u00f1os y otros porque construyeron su identidad como H.I.J.O.S.: varones y mujeres.<\/p><p>Pero las mujeres en particular pueden ser iniciadas en una maternidad \u2013deseada a veces, pero tambi\u00e9n reiteradamente violadas por familiares y conocidos\u2013 que ilustra el rubro \u201cembarazo adolescente\u201d, que se extiende entre los 10 y los 24 a\u00f1os. Cifras que comparten con otras j\u00f3venes de Am\u00e9rica latina. Dato se\u00f1ero que alerta frente al rubro \u201clos j\u00f3venes\u201d: imposible hablar de ellos con lenguaje masculino \u201cnormalizado\u201d por la norma gen\u00e9rica del patriarcado: son los j\u00f3venes y las j\u00f3venes.<\/p><p>Este es el primer alerta que estimo imprescindible: el atravesamiento que los g\u00e9neros imponen. El arrastre sem\u00e1ntico desemboca en el masculino cuando se menciona a \u201clos\u201d j\u00f3venes que comparten el fundamentalismo que la idea de \u201cni\u00f1o\u201d anticipara. El ni\u00f1o involucra a ni\u00f1os y ni\u00f1as, pero la ni\u00f1a se mantiene oculta y silenciada en el masculino que, en diccionarios s\u00f3lo recientemente corregidos defin\u00eda a la ni\u00f1a como el femenino de ni\u00f1o. Como si no se tratase de otra persona con perfiles identitarios propios.<\/p><p>La ausencia de las j\u00f3venes en los discursos que normativizan el lenguaje compromete el \u00e1rea del cuerpo de las mujeres j\u00f3venes: no s\u00f3lo los embarazos indeseados, tambi\u00e9n el universo de aquellas que el crimen organizado selecciona para la trata de personas, prioritariamente mujeres j\u00f3venes, las j\u00f3venes que son embutidas y opacadas en \u201clos j\u00f3venes\u201d. El disciplinamiento de los cuerpos de las mujeres en general, mediante las diversas pr\u00e1cticas que los patriarcados hist\u00f3ricos instituyeron, alcanza su acm\u00e9 en esta etapa de la vida.<\/p><p>M\u00e1s all\u00e1 de la victimizaci\u00f3n que embarazos y trata de personas significan, se torna ostensible la colonizaci\u00f3n de las j\u00f3venes mediante la imposici\u00f3n de cuerpos anor\u00e9xicos o arremetidos por flacuras esmirriadas, ajenos a las formas placenteras de los m\u00faltiples disfrutes libidinales.<\/p><p>En cambio, y como complemento venturoso que desata las alternativas corporales, del reconocimiento de las diversas sexualidades surgi\u00f3 la autorizaci\u00f3n para los amores l\u00e9sbicos silenciados, ocultados durante d\u00e9cadas y que las j\u00f3venes no titubean \u2013aunque no todas\u2013 en instituir como derechos. A la par con los j\u00f3venes homosexuales que irrumpieron desbaratando los c\u00e1nones de las organizaciones familiares ordenadas tradicionalmente. Entre los des\u00f3rdenes que j\u00f3venes mujeres y j\u00f3venes varones impulsaron durante estas \u00faltimas d\u00e9cadas, la mostraci\u00f3n de sexualidades diversas gan\u00f3 espacios que mantienen inquietas a las familias doloridas por cambios que sienten como arrasadores.<\/p><p>Situaciones que las juventudes \u2013no todas\u2013 viven como triunfos y que se acompa\u00f1an con cifras que estremecen y que no necesariamente se aportan como manera de conocer el mundo de los j\u00f3venes. Desde el a\u00f1o 2006 el Programa \u201cLas V\u00edctimas contra las Violencias\u201d, dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Naci\u00f3n, que coordino, se ocup\u00f3 de realizar estad\u00edsticas referidas a violencia familiar en ciudad de Buenos Aires. \u00bfQu\u00e9 encontramos cuando rastreamos a \u201clos j\u00f3venes\u201d? Selecciono datos obtenidos desde septiembre 2008 a septiembre 2015.<\/p><p>En el rango de v\u00edctimas de 16 a 29 a\u00f1os, un total de 4.532, de las cuales 3.894 son mujeres y 638 varones, datos resultantes de las intervenciones en domicilio que realizan nuestros equipos despu\u00e9s de un llamado al n\u00famero telef\u00f3nico 137 solicitando un m\u00f3vil que transporte profesionales y un polic\u00eda para intervenir en terreno, en la escena misma de la violencia. Sin desagregar los detalles ni los tipos de violencia, estos n\u00fameros quieren decir que cualquiera de ellos y de ellas ha padecido golpizas de diferente envergadura, han necesitado intervenciones hospitalarias, han atravesado per\u00edodos de negligencia alimentaria y descuidos graves en la atenci\u00f3n de su salud, conjuntamente con carencias econ\u00f3micas de distinta \u00edndole. Es notorio el porcentaje mayor de v\u00edctimas mujeres entre los y las j\u00f3venes.<\/p><p>Y si buscamos las proporciones de j\u00f3venes agresores localizados por nuestros equipos, encontramos 5.331 agresores\/as en la siguiente proporci\u00f3n: 4.995 agresiones provenientes de varones y 336 actuadas por j\u00f3venes mujeres. Estos agresores y agresoras incluyen violencia contra sus madres y padres, si bien los j\u00f3venes agresores varones distribuyen sus violencias preferentemente contra mujeres, seg\u00fan el modelo cl\u00e1sico (resultar\u00eda extenso desagregar detalles referidos a v\u00ednculos entre v\u00edctimas y victimarios y otros datos aclaratorios).<\/p><p>Entonces, para hablar de los y las j\u00f3venes corresponde incluir tambi\u00e9n sus avatares como convivientes de una familia. En el universo de las violencias dom\u00e9sticas son protagonistas sin necesidad de alcanzar la madurez.<\/p><p>No es menor la estad\u00edstica que obtenemos cuando nos ocupamos de violencias sexuales que incluyen violaciones, abusos, exhibicionismo, y distintas pr\u00e1cticas. Si selecciono v\u00edctimas de 16 a 24 a\u00f1os en el per\u00edodo que se extiende desde el a\u00f1o 2010 hasta el a\u00f1o 2014 encontramos 3.884 v\u00edctimas mujeres j\u00f3venes, 152 varones y una persona transg\u00e9nero en Ciudad de Buenos Aires. Los agresores, tambi\u00e9n entre los 16 hasta 24 a\u00f1os, ascienden a 872, de los cuales 846 son varones y 26 mujeres j\u00f3venes.<\/p><p>La tendencia se reitera: las v\u00edctimas prioritarias son las mujeres j\u00f3venes. Es decir, en el panorama de las violencias y las violaciones de los derechos humanos generalizados encontramos que las violencias contra las mujeres constituyen un cap\u00edtulo internacionalmente estudiado y evaluado en su peligrosidad destructiva y homicida; pero esos cuadros abarcativos, al incorporar a las v\u00edctimas etariamente y\/o por nacionalidades y posiciones sociales neutralizan el segmento correspondiente a \u201clos j\u00f3venes\u201d que se recorta arrastrando una filosof\u00eda espec\u00edfica. Porque quedan asociados con el futuro y a los horizontes prometedores dada su real competencia en los cambios culturales, sociales y pol\u00edticos que introducen en sus comunidades y, mediante el implante de las nuevas tecnolog\u00edas, en los barrios planetarios.<\/p><p>Un \u00e9xito de quienes entrecomillamos como \u201clos j\u00f3venes\u201d es aquel que nos permite darnos cuenta de que estamos sumergidos en la gran ilusi\u00f3n de creer que nos conocemos a nosotros mismos al referirnos a ellos. Ser\u00eda un autoconocimiento de sujetos sujetados por el exitismo que imaginamos por ser los adultos emergentes de \u201clos j\u00f3venes\u201d que fuimos.<\/p><p>La lectura de los textos hist\u00f3ricos nos ense\u00f1a que la cuesti\u00f3n de \u201clos j\u00f3venes\u201d se menciona como cap\u00edtulo ineludible: siempre han reclamado su lugar en el mundo, pulsionalmente eficaces marcando sus propios territorios. Parecer\u00eda que tambi\u00e9n logran incorporarse en la historia si surgen cuando no se los espera. As\u00ed le sucedi\u00f3 al antrop\u00f3logo D. Johanson que, acompa\u00f1ado por su colega M. Edey, exploraba el lecho de un lago en Hadar, Etiop\u00eda, repleto de sedimentos prehist\u00f3ricos, f\u00f3siles a\u00fan ignotos. Arduas b\u00fasquedas no aportaban descubrimientos interesantes, pero despu\u00e9s de tres semanas de exploraci\u00f3n encontraron no menos de un centenar de huesos del esqueleto de una joven hembra. Y al juntar las piezas del rompecabezas prehist\u00f3rico los investigadores repararon en algo: Lucy, que as\u00ed la bautizaron en homenaje a la canci\u00f3n de los Beatles, entonces popular, caminaba erecta. Y probablemente nada la diferenciaba de nuestro andar, seg\u00fan un descubrimiento en 1974 que se confirm\u00f3 cuando, en 1976, Mary Leakey identific\u00f3 en Tanzania tres series de hom\u00ednidos b\u00edpedos marcados en la roca volc\u00e1nica.<\/p><p>Lucy vivi\u00f3 hace 3.800.000 a\u00f1os. Ten\u00eda un metro de estatura y pesaba 25 kilogramos. Se la consider\u00f3 joven hembra. Apareci\u00f3 para sorprender y modificar los c\u00e1nones de la antropolog\u00eda de la \u00e9poca. \u201cLos j\u00f3venes\u201d no pueden transcurrir sus periplos sin obligarnos a mirar con m\u00e1s cuidado aquello que aparece disperso, desordenado e incoherente. Tambi\u00e9n esperanzador si logramos observarlo con el alerta encendido. As\u00ed reconocemos a Lucy: arquetipo de una joven hembra, en el origen de los tiempos.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-ae305ea elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"ae305ea\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-6d732a3\" data-id=\"6d732a3\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-f0cd967 elementor-widget elementor-widget-html\" data-id=\"f0cd967\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"html.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<!-- AddToAny BEGIN -->\r\n<div class=\"a2a_kit a2a_kit_size_32 a2a_default_style\">\r\n<a class=\"a2a_dd\" href=\"https:\/\/www.addtoany.com\/share\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_x\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_facebook\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_whatsapp\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_telegram\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_google_gmail\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_printfriendly\"><\/a>\r\n<\/div>\r\n<script async src=\"https:\/\/static.addtoany.com\/menu\/page.js\"><\/script>\r\n<!-- AddToAny END -->\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-057c725 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"057c725\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\" id=\"autorxs\" data-settings=\"{&quot;background_background&quot;:&quot;classic&quot;}\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-bd5a438\" data-id=\"bd5a438\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-4e62641 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"4e62641\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<h6>Autorxs<\/h6><p><strong><br \/>Eva Giberti:<\/strong><br \/>Asistente social (UBA). Licenciada en Psicolog\u00eda (UBA). Doctora Honoris Causa en Psicolog\u00eda por la Universidad Nacional de Rosario y por la Universidad Aut\u00f3noma de Entre R\u00edos. Coordina el Programa las V\u00edctimas contra las Violencias (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Naci\u00f3n).<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>| Por Eva Giberti | Los y las j\u00f3venes participan de m\u00faltiples vidas ciudadanas, entre las cuales hay que incluir tambi\u00e9n la de convivientes de una familia. Es en este \u00e1mbito, en el familiar, donde suelen tener lugar dos de los principales rasgos problem\u00e1ticos de esta etapa de la vida, la sexualidad y la violencia, fen\u00f3menos en los cuales las mujeres llevan la peor parte. 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