{"id":12663,"date":"2015-08-01T01:01:00","date_gmt":"2015-08-01T04:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/?p=12663"},"modified":"2023-12-26T16:17:23","modified_gmt":"2023-12-26T19:17:23","slug":"prefacio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/prefacio-2\/","title":{"rendered":"Prefacio"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"12663\" class=\"elementor elementor-12663\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-67b1986 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"67b1986\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-f4f68f5\" data-id=\"f4f68f5\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-5f35879 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"5f35879\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#autorxs\"><em>| Por Horacio A. Feinstein |<\/em><\/a><\/p><p>El capoc\u00f3mico Tato Bores repiti\u00f3 a lo largo de muchos a\u00f1os un ya cl\u00e1sico refr\u00e1n porte\u00f1o, de autor an\u00f3nimo: \u201cVivir se puede, pero no te dejan\u201d. Buenos Aires (BA) no existe, dec\u00eda Marcel Duchamp hace un siglo atr\u00e1s despu\u00e9s de haber vivido un a\u00f1o en ella. Sobre la misma urbe, Ricardo Piglia advert\u00eda una tensi\u00f3n entre una ciudad real \u2013que es una ciudad negada, negativa, una ciudad invadida, un ox\u00edmoron: es una ciudad b\u00e1rbara\u2013 y la que se le contrapone: una ciudad imaginaria, futura, ausente, que en verdad es una ciudad extranjera: es decir, Buenos Aires como Par\u00eds o como Nueva York. Mujica Lainez afirmaba que el primer canto que inspir\u00f3 Buenos Aires es un canto de amargura, de hembra traidora que mata a sus maridos.<\/p><p>Buenos Aires \u2013y con ella la naci\u00f3n y la literatura nacional\u2013 se funda en la contradicci\u00f3n entre una realidad que se niega a la vez que se la describe.<\/p><p>La vida en la ciudad de BA ya no tiene m\u00e1s buenos aires (si es que alguna vez los tuvo), ni tampoco el ritmo apacible que hasta el \u00faltimo cuarto del siglo XX daba lugar a la vida en los caf\u00e9s, desde donde los porte\u00f1os arregl\u00e1bamos el mundo y establec\u00edamos nuevas cosmogon\u00edas. No solamente han pasado varias d\u00e9cadas desde entonces sino que \u2013a semejanza de casi todas las grandes urbes del planeta\u2013 la vida cotidiana porte\u00f1a (de Buenos Aires) se ha tornado insufrible; los actuales <em>caffees<\/em> (sic) porte\u00f1os son meros lugares adonde hacer negocios o de encuentro para ir a hacer negocios.<\/p><p>Buenos Aires es cada vez m\u00e1s un territorio caro donde vive gente adinerada y adonde llegan personas de los cuatro puntos cardinales para hacer dinero y para gastar dinero. \u00daltimamente, muchos barrios y actividades han sido reconfigurados para el turismo, que viene de lejos al <em>Palermo Dead<\/em> del s. XXI (antes, barrio de la Chacarita) en procura de los malevos de Borges.<\/p><p>Para paliar la horrenda cotidianidad urbana los porte\u00f1os pudientes adoptaron la vida en barrios cerrados y <em>countries<\/em>, en zonas del conurbano bonaerense adonde supon\u00edan que alcanzar\u00edan el para\u00edso terrenal, rodeados de naturaleza pura (aunque prefirieron pastos ex\u00f3ticos, implantados), a poca distancia del centro y sin nada de edificios o molestos colectivos. Pero a poco de estar all\u00ed percibieron que estaban rodeados de \u201cla inseguridad\u201d. No nos une el amor sino el espanto, ser\u00e1 por eso que la quiero tanto, murmuraba Borges en relaci\u00f3n a la ciudad.<\/p><p>Cabe se\u00f1alar que esta situaci\u00f3n de Buenos Aires no es excepcional sino que es com\u00fan al modo de vida urbano de las grandes metr\u00f3polis; espacios conformados por la expansi\u00f3n de las ciudades debido al atractivo que ejercen sobre el resto de la poblaci\u00f3n de cada pa\u00eds. La ciudad, como espacio de encuentro cara-a-cara entre las personas, como espacio propiciador de vidas m\u00e1s plenas, se ha ido transformando en la inmensa mayor\u00eda de las metr\u00f3polis en territorios hostiles, violentos, casi inhumanos.<\/p><p style=\"text-align: center;\">***<\/p><p>En el presente n\u00famero de Voces en el F\u00e9nix, los autores convocados para dar cuenta de esa realidad aportan desde su conocimiento y experiencia a una caracterizaci\u00f3n del drama urbano contempor\u00e1neo, particularizando en nuestro Buenos Aires contradictorio e insustentable desde variadas perspectivas sociales y humanas. Drama que podr\u00eda sintetizarse en la premonitoria intuici\u00f3n que tuvo hace cuarenta a\u00f1os Italo Calvino cuando afirmaba, en <em>Las ciudades invisibles<\/em>, que la crisis de la ciudad demasiado grande es la otra cara de la crisis de la naturaleza. Recientemente, el papa Francisco se expres\u00f3 en parecidos t\u00e9rminos: no es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez m\u00e1s inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto f\u00edsico con la naturaleza.<\/p><p>Adentr\u00e1ndonos en la publicaci\u00f3n, Miguel Grinberg en su nota nos recuerda que, durante los pr\u00f3ximos 35 a\u00f1os, el crecimiento de la poblaci\u00f3n urbana continuar\u00e1 y hacia el a\u00f1o 2050, ocho de cada diez personas del globo vivir\u00e1n en ciudades. Esta veloz urbanizaci\u00f3n est\u00e1 alterando radicalmente el paisaje social, ecol\u00f3gico, econ\u00f3mico y financiero del planeta, mientras la ciudad va perdiendo la dimensi\u00f3n humana.<\/p><p>El autor pasa a interrogarnos al respecto. \u00bfQu\u00e9 ciudad futura deseamos? \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda restaurarse la virtud convivencial? \u00bfHasta cu\u00e1ndo el mundo rural seguir\u00e1 absorbiendo los detritos de la urbe y generando alimentos suficientes para poblaciones que crecen con celeridad? \u00bfQu\u00e9 modelo cultural urge dise\u00f1ar para no desbarrancarse en un \u201cs\u00e1lvese quien pueda\u201d en el hormiguero masivo? \u00bfDescentralizando las metr\u00f3polis? \u00bfEcologizando los campos abandonados? \u00bfInventando un modelo de agro-ciudad cibern\u00e9tica? Sobre algo existe unanimidad, concluye Grinberg: la urbanizaci\u00f3n terrestre es inevitable. Entretanto, el abastecimiento de alimentos confiables, el agua potable, el aire puro, la vivienda, el trabajo y dem\u00e1s premisas de la existencia plena deben ser asegurados.<\/p><p>Veamos qu\u00e9 sucede al respecto en la metr\u00f3polis bonaerense, la Gran Buenos Aires \u2013a la cual se refiere en su nota Leonardo Fern\u00e1ndez\u2013, donde apunta el autor que la urbanizaci\u00f3n (el 35% de la poblaci\u00f3n del pa\u00eds se aglutina en menos de 1% del territorio) y las infraestructuras (realizadas en grandes cuencas h\u00eddricas de poca pendiente) han impermeabilizado la tierra en demas\u00eda, contribuyendo as\u00ed, grandemente, a graves y \u2013a veces\u2013 tr\u00e1gicas inundaciones que anegan peri\u00f3dicamente vastas zonas urbanas y periurbanas. Por encima de ello, la moderna agricultura intensiva de la macro-regi\u00f3n platense ha reducido la capacidad de infiltraci\u00f3n de la tierra y, para evitar excesos h\u00eddricos, utiliza canales de drenaje que en gran medida transgreden el curso natural del agua, agravando la situaci\u00f3n cuando se producen lluvias extraordinarias. Por ello y teniendo en cuenta la urbanizaci\u00f3n creciente, la degradaci\u00f3n ambiental y las amenazas de El Ni\u00f1o y el cambio clim\u00e1tico, no solo ser\u00e1 necesario que las autoridades p\u00fablicas regulen y controlen adecuadamente esos drenajes sino que adem\u00e1s acometan una tarea ciertamente perdedora de votos: poner en valor ambiental \u2013restringiendo el valor de cambio de la propiedad a la condici\u00f3n de mantener el uso ambiental del suelo requerido por la regi\u00f3n\u2013 a los territorios (l\u00edneas de cursos de r\u00edos y arroyos urbanos y periurbanos, caminos de ribera, \u00e1reas deprimidas) que pueden dotar de mayor resiliencia a la zona mediante la amortiguaci\u00f3n de excesos h\u00eddricos. A este prop\u00f3sito, las pol\u00edticas p\u00fablicas tambi\u00e9n deber\u00e1n limitar a los barrios cerrados y articular las pol\u00edticas de inversi\u00f3n en transporte p\u00fablico ferroviario con las de vivienda y de corredores verdes urbanos y periurbanos. En fin, concluye proponiendo Fern\u00e1ndez, debemos \u201crepensar la ciudad como ecosistema\u201d.<\/p><p>Por su parte, Pablo Bertinat asevera en su nota que a medida que la trama urbana se hace m\u00e1s compleja se incrementan los conflictos socio-ambientales alrededor de la cuesti\u00f3n energ\u00e9tica. Ello puede visualizarse a trav\u00e9s de un par de datos sobre Buenos Aires que indican lo gravoso e insustentable que se ha tornado el transporte urbano de pasajeros: las emisiones de gases de efecto invernadero del transporte privado de pasajeros representan m\u00e1s del 75% de las emisiones totales del sector transporte, mientras que se estima que este en Buenos Aires insume a los pasajeros m\u00e1s tiempo de traslado que en cualquier otra ciudad de Am\u00e9rica latina. Sin duda, la cuesti\u00f3n energ\u00e9tica en contextos urbanos requiere reconocer expl\u00edcitamente su car\u00e1cter problem\u00e1tico y generar los mecanismos, estructuras y recursos que permitan en un marco de participaci\u00f3n ciudadana construir otro relacionamiento de las ciudades con su entorno. Ciertamente, toda una asignatura pendiente.<\/p><p>En su art\u00edculo, Pablo Sessano afirma que la ciudad no es una totalidad cerrada y autosuficiente, sino un sistema abierto que consume y degrada casi la totalidad de los aportes que demanda desde afuera de s\u00ed misma; aportes cuyo circuito de origen ha sido progresivamente invisibilizado, dificultando la comprensi\u00f3n de la problem\u00e1tica. As\u00ed la ciudad aparece ilusoriamente como una isla, en el mejor de los casos, que existe por s\u00ed y para s\u00ed. Lo cual es del todo falso. Esta falacia contribuye a mantener la creencia de que este es el mejor, el \u00fanico lugar donde vivir y que sus problemas son el resultado de que todos, naturalmente, queremos vivir en \u00e9l. Es pertinente entonces preguntarse hoy si la ciudad tal cual es tiene sentido o cu\u00e1l ser\u00eda un otro sentido posible, toda vez que ha dejado de ser el lugar del buen vivir mientras esta noci\u00f3n en cambio emerge en Am\u00e9rica latina sobre la base de otras tradiciones y otros paradigmas ofreciendo alternativas para habitar \u2013morar\u2013 la tierra, estrechamente ligadas al mundo rural. En esta direcci\u00f3n, Sessano propone volver a conectar a la ciudad primero con su <em>hinterland<\/em>, su entorno ecosist\u00e9mico no urbano m\u00e1s cercano, y luego con la extensi\u00f3n mayor y a partir de all\u00ed con otras ciudades.<\/p><p>Olaf Jovanovich se refiere en su nota a las inundaciones recientes de las ciudades de La Plata y Buenos Aires y advierte al respecto que (a) la ciudad no s\u00f3lo es la construcci\u00f3n f\u00edsica de edificios e infraestructuras, sino que tambi\u00e9n es una red de relaciones que producen urbanidad y (b) las ciudades, como cualquier sistema complejo, son productoras de sucesos inesperados. Si la discusi\u00f3n sigue manteni\u00e9ndose en el cu\u00e1nto (que si la inundaci\u00f3n se debi\u00f3 a que llovi\u00f3 250 o 350 mm), sigue la nota, deberemos resignarnos a seguir hallando \u201cel incluido y el excluido\u201d de la historia, f\u00e1bula que cada d\u00eda tiene menos de los primeros y m\u00e1s de los segundos. Los cu\u00e1ntos no nos llevar\u00e1n a una nueva ciudad, sino solamente a una ciudad con un poquito m\u00e1s de tolerancia num\u00e9rica, a aguantar unos mil\u00edmetros m\u00e1s, pero los l\u00edmites siempre ser\u00e1n los mismos. Necesitamos cambiar la frontera, modificar la concepci\u00f3n de ciudad, y dentro de ella, la concepci\u00f3n de ciudadano, de profesional, de comerciante, de ganador y perdedor, de educaci\u00f3n, pero sobre todo de ciudad, y hacer una ciudad democr\u00e1tica, segura, sustentable y socialmente justa.<\/p><p>A prop\u00f3sito de ello y de las inundaciones en la ciudad de Buenos Aires, Oscar Zuazo escribe en su nota basada en una experiencia reciente de la Comuna 15: \u201cNo se puede entender c\u00f3mo un gobierno que nos trata de vecinos, no nos reconoce el derecho ciudadano a la transparencia de la informaci\u00f3n, a participar en la elaboraci\u00f3n de planes de contingencia, y por sobre todas las cosas, a cuidar a los m\u00e1s desprotegidos, cuando el agua sube\u201d.<\/p><p>Gabriela Massuh escribe que nuestra democracia urbana (porte\u00f1a) est\u00e1 asfixiada de obras privadas anunciadas con grandes palabras p\u00fablicas. Es momento de que el ciudadano haga ejercer sus leg\u00edtimos derechos respecto de lo que leg\u00edtimamente le corresponde. Para concluir: \u201cComo si no importara la memoria, a nadie le interesa la p\u00e9rdida del paisaje urbano. \u00bfPor qu\u00e9 la ciudadan\u00eda porte\u00f1a es tan proclive a aceptar la destrucci\u00f3n de su h\u00e1bitat p\u00fablico en un grado muchas veces escandaloso?\u201d.<\/p><p>Desde una visi\u00f3n estructural, Silvio Schachter analiza la violencia urbana vinculando la dimensi\u00f3n macrosocial que estigmatiza al espacio p\u00fablico (otrora un lugar de encuentro de los distintos) y los barrios marginales como lugares favorecedores de la violencia con la micropol\u00edtica de lo privado, de la familia y del trabajo, se\u00f1alando que existen diversas expresiones de violencia: familiar, de g\u00e9nero, sexual y laboral. En la misma direcci\u00f3n, la presencia absorbente en los medios de las im\u00e1genes sobre el delito, el abuso del morbo y la crueldad, se acopla con un doble mensaje, que sin interrupci\u00f3n pasa del horror a la saturaci\u00f3n de figuras publicitarias de una ciudad feliz, dedicada al placer de comprar. Permanente incitaci\u00f3n al consumo, que se le propone a una mayor\u00eda carente de recursos, para quienes el poder ser se va amalgamando con la impotencia del poder tener. Por otra parte, contin\u00faa Schachter, dicha estigmatizaci\u00f3n de los espacios p\u00fablicos conlleva a aceptar las nuevas formas que adoptan los individuos de interrelacionarse (en realidad, de desencontrarse), de formar sujetos que experimentan la vida sin sociabilidad f\u00edsica, cada vez m\u00e1s limitados al mundo virtual. El \u00e1mbito privado como refugio del espacio p\u00fablico (al respecto, Zygmunt Bauman dice que las redes virtuales parecen proporcionar un refugio atractivo y c\u00f3modo), prosigue el autor, no es m\u00e1s que una ilusi\u00f3n que elude el conflicto y una vez alcanzada esta situaci\u00f3n de miedo o p\u00e1nico, es que el poder filtra su oferta de seguridad y blindaje de espacios, que termina imponiendo pr\u00e1cticas y validando discursos, est\u00e9ticas y valoraciones cuyo eje vertebrador es la producci\u00f3n de una narrativa disciplinante que no admite refutaciones. El h\u00e1bitat ha sido redise\u00f1ado con una est\u00e9tica del temor, la arquitectura del miedo invade todos los actos, modifica el entorno y los recorridos urbanos que son seleccionados en base a c\u00f3digos ponderados como m\u00e1s seguros, llegando al reparto de botones antip\u00e1nico como el reconocimiento expl\u00edcito de la necesidad de una terapia electr\u00f3nica para enfrentar el p\u00e1nico ya instalado. A su vez, dicho enclaustramiento elimina la capacidad de experimentar nuevas relaciones y ejercer una de las cualidades esenciales de la actividad humana, tal como cuestionar las condiciones existentes. Por dif\u00edcil que esto parezca, vale la pena recordar a Lewis Mumford cuando se\u00f1alaba, a prop\u00f3sito de las urbes, que la vida se nos hace tolerable s\u00f3lo gracias a nuestras utop\u00edas.<\/p><p>La realidad del cambio clim\u00e1tico constituye un escenario terminal en muchos aspectos frente al cual no cabe s\u00f3lo adaptarse sino que el mismo deber\u00eda motivar las energ\u00edas hacia la transformaci\u00f3n profunda de los patrones de producci\u00f3n, consumo y convivencia. A este respecto, Susana Eguia advierte en su art\u00edculo que tal como en toda ciudad consolidada, en Buenos Aires resulta muy dif\u00edcil revertir lo hecho mal en raz\u00f3n de los costos econ\u00f3micos y ecol\u00f3gicos de la \u201cdeconstrucci\u00f3n\u201d. Pero el desarrollo e incorporaci\u00f3n de medidas de mitigaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n como un elemento central de planificaci\u00f3n deben impulsar en la ciudad proyectos y pol\u00edticas de adaptaci\u00f3n urbana sustentable, con distinto grado de aplicaci\u00f3n de estrategias y tecnolog\u00edas orientadas a reducir los procesos de presi\u00f3n medioambiental, entre ellas la rehabilitaci\u00f3n bioclim\u00e1tica del patrimonio edificado, y la adopci\u00f3n de criterios bioclim\u00e1ticos en las nuevas edificaciones.<\/p><p>Desde lo pol\u00edtico-institucional y normativo, en el \u00e1mbito de la ciudad de Buenos Aires la novedosa instituci\u00f3n de las comunas (unidades pol\u00edtico-administrativas en que se dividi\u00f3 a la ciudad) ha abierto un incipiente espacio de participaci\u00f3n ciudadana, a partir de la Constituci\u00f3n de 1996. Al respecto, Pedro Kesselman advierte en su nota que ante el actual <em>tsunami<\/em> p\u00fablico\/privado que \u2013contraviniendo a\u00fan a las leyes org\u00e1nicas de la ciudad\u2013 est\u00e1 convirtiendo a Buenos Aires en una suerte de santuario del lucro, se yerguen movimientos vecinales, organizaciones no gubernamentales, ciudadanas y ciudadanos que resisten la destrucci\u00f3n de la ciudad que sienten como suya, logrando a veces peque\u00f1os grandes triunfos que permiten so\u00f1ar con que no todo est\u00e1 perdido en Buenos Aires.<\/p><p>A su vez, Sergio Kiernan escribe en su art\u00edculo relacionado con el rescate del patrimonio urbano y del espacio p\u00fablico que los vecinos de Buenos Aires dejaron de creer que su ciudad, su paisaje personal, es asunto de expertos ante los que se deben inclinar y callar, incorporando otra causa al temario de movilizaciones, a la agenda pol\u00edtica ciudadana, ya que el avance de lo privado sobre lo p\u00fablico en todas las esferas de actividad es alentado por el propio sector p\u00fablico porte\u00f1o.<\/p><p>Desde una mirada a escala metropolitana, Artemio Abba subraya en su nota que el alt\u00edsimo costo generalizado (incluyendo costos monetarios y no monetarios del viaje, por ejemplo, el tiempo de espera y traslado) de la movilidad metropolitana, que se ha venido agravando en Buenos Aires desde los a\u00f1os \u201960, es un asunto t\u00edpico de las grandes ciudades. Y prosigue se\u00f1alando que, en la misma, ha crecido de manera desproporcionada la movilidad mediante el modo automotor individual en desmedro del peso de los modos masivos y p\u00fablicos, lo cual recae m\u00e1s fuertemente sobre los sectores de menores recursos.<\/p><p>La dimensi\u00f3n metropolitana es tambi\u00e9n considerada por Horacio Feinstein en su contribuci\u00f3n a la publicaci\u00f3n cuando se\u00f1ala que de igual manera que no se puede pensar apropiadamente el sistema de transporte del \u00e1rea si no es en el espacio metropolitano, la gesti\u00f3n de basura y residuos bonaerense deber\u00eda enmarcarse en esa misma dimensi\u00f3n espacial, prestando mucho cuidado a que la redefinici\u00f3n territorial en la materia se haga de una forma equitativa y solidaria (entre la Capital y el conurbano) que no implique dependencia o sumisi\u00f3n sino, antes bien, reconociendo las ventajas de la mutua interdependencia y de las complementariedades entre jurisdicciones pol\u00edticas, que son mucho m\u00e1s que contiguas.<\/p><p>En la misma direcci\u00f3n, Claudia Baxendale ahonda en su nota en la mirada a escala metropolitana para se\u00f1alar que con \u201cislas\u201d de riqueza junto a zonas de asentamientos informales, proyectos inmobiliarios que venden \u201cpaisajes naturales\u201d \u2013que ni siquiera son propios del sitio\u2013, junto a zonas ambientalmente deterioradas y contaminadas, se presenta esta interfase urbana-rural con sus limitaciones pero tambi\u00e9n con sus potencialidades espaciales y ambientales que deber\u00edan ser puestas a consideraci\u00f3n en la planificaci\u00f3n y la gesti\u00f3n efectiva de su territorio.<\/p><p>En la misma zona de interfase urbana-rural tiene lugar la enriquecedora experiencia, en curso, de educaci\u00f3n ambiental en el conurbano bonaerense relatada en su nota por Julieta Zamorano, la que fue iniciada como escuela experimental para la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os y al poco tiempo comenz\u00f3 a transformar la vida y el entorno de los adultos, tambi\u00e9n.<\/p><p>La violencia ha modificado dr\u00e1sticamente las conductas de la poblaci\u00f3n, advierte Schachter, su modo de percibir y resolver la cotidianidad y no toda la violencia es reconocida como tal. Como ilustraci\u00f3n de ello, Koutsovitis y Baldiviezo afirman en su art\u00edculo que constituye una flagrante discriminaci\u00f3n que tanto el GCBA como AySA (la empresa p\u00fablica de agua y saneamiento) no garanticen la misma calidad del servicio (de agua potable y saneamiento) en las villas como s\u00ed lo hacen en el resto de la ciudad. La profunda distancia entre los est\u00e1ndares que el marco normativo establece y c\u00f3mo se presta el servicio en las villas en la actualidad implica una violaci\u00f3n al derecho humano al agua, a la salud, al ambiente, a la calidad de vida y a la igualdad.<\/p><p>An\u00e1logamente, Cristina Cravino afirma en su nota que recientemente, en nombre de los derechos de los habitantes (de las villas de la cuenca Matanza-Riachuelo) en condiciones ambientales vulnerables, se tomaron decisiones que implicaron relocalizaciones \u201cexpr\u00e9s\u201d, que vulneraron todos sus derechos, entre ellos a la informaci\u00f3n, a la participaci\u00f3n y el acceso a una vivienda digna.<\/p><p style=\"text-align: center;\">***<\/p><p>Si bien es cierto que circunstancias pol\u00edticas de corto o mediano plazo, as\u00ed como el mayor o menor involucramiento en las decisiones por parte de la sociedad civil, pueden agravar o aliviar el drama urbano contempor\u00e1neo, existen condiciones estructurales al estilo de desarrollo vigente que hacen que las ciudades sean un \u00e1mbito privilegiado para la reproducci\u00f3n del capital. As\u00ed como \u2013en procura de beneficios\u2013 el capital financiero avasalla \u00e1reas rurales y zonas cordilleranas llenas de minerales, sin importarle el concomitante arrasamiento de pueblos, glaciares o bosques, lo mismo hace con las ciudades sin importarle las consecuencias sobre la poblaci\u00f3n de las mismas ni la sustentabilidad del \u201cprogreso\u201d, llevado de las narices por la tasa de ganancia. De esta manera las metr\u00f3polis se han convertido en el punto de colisi\u00f3n masiva de la acumulaci\u00f3n por desposesi\u00f3n impuesta sobre los menos pudientes y del impulso promotor que pretende colonizar espacio para los ricos.<\/p><p>Repensar la pol\u00edtica es tambi\u00e9n imaginar c\u00f3mo reapropiar los sitios urbanos para la vida comunitaria, derribar muros, recuperar el barrio, la plaza, la calle y crear nuevos espacios, donde podamos reconocernos y actuar conforme a nuestros deseos, sin que el miedo nos paralice, porque no hay opci\u00f3n para la humanidad fuera de las ciudades. Contrariamente, el discurso hegem\u00f3nico vigente ubica al espacio p\u00fablico y a los barrios marginales como el sitio favorecedor de la violencia, negando as\u00ed que en el \u00e1mbito privado y consolidado tambi\u00e9n acontecen innumerables expresiones tipificadas de violencia, familiar, de g\u00e9nero, sexual o laboral.<\/p><p>No se trata de aferrarnos a un pasado inasible que d\u00eda a d\u00eda se desvanece por el mero transcurrir de las horas, sino que procuramos evitar que el insaciable af\u00e1n de lucro borre de un plumazo nuestro patrimonio, nuestra historia, nuestro ambiente y, para peor, expulse gente de nuestra ciudad \u2013como viene ocurriendo\u2013. Queremos una Buenos Aires que vuelva a ser un crisol de etnias, de condiciones sociales y de culturas como el que perge\u00f1\u00f3 innumerables logros que fraguaron su renombre. Que no sea una ciudad m\u00e1s sino que sea ella, \u00fanica, ni mejor ni peor; ella.<\/p><p>Entendemos que para esto puede ser buena gu\u00eda el concepto de ciudad (metr\u00f3polis) como ecosistema. Y para evitar su irreversible deterioro deber\u00e1n respetarse los l\u00edmites naturales y sociales para el funcionamiento y reproducci\u00f3n de aquel; para ello ser\u00e1 necesario transitar un proceso de restauraci\u00f3n de entornos naturales y sociales que han sido avasallados (la barranca del r\u00edo, barrios mixtos sin m\u00e1s territorios-de-primera-y-de-segunda, espacios p\u00fablicos abiertos y cerrados, etc.), lo cual podr\u00eda estimular una mayor convivencialidad a escala social.<\/p><p>Si la humanidad tiene futuro (y el derecho a anticipar el futuro, a dise\u00f1ar nuestro futuro, deber\u00eda ser incluido entre los derechos sociales) el mismo ser\u00e1 muy distinto del presente. Uno de los grandes cambios requeridos es que se tendr\u00e1 que sacrificar el confort en pos de la sobrevivencia. De lo contrario, los m\u00e1s despose\u00eddos se enfrentar\u00e1n a situaciones de creciente vulnerabilidad (por ejemplo, las consecuencias del cambio clim\u00e1tico).<\/p><p>Para ello, habr\u00e1 que dise\u00f1ar y poner en marcha una din\u00e1mica que propicie tendencias a la descentralizaci\u00f3n, a la emigraci\u00f3n inversa y al repoblamiento del territorio, con base en una redistribuci\u00f3n del acceso a la tierra. S\u00f3lo en un marco de replanteamiento paradigm\u00e1tico acerca de nuestra forma de habitar, de ocupar el territorio y de aprovechar los recursos que la (madre tierra) naturaleza nos ofrece, que suponga una nueva \u00e9tica del habitar-ser en el mundo, concluye P. Sessano, podremos concebir y conducirnos hacia otra ciudad. Resignificar la noci\u00f3n misma del habitar la ciudad s\u00f3lo ser\u00e1 posible en articulaci\u00f3n con actores sociales no urbanos que tienen necesidades y visiones complementarias y representan al \u201cotro\u201d territorio, ese de donde proviene todo lo que la ciudad requiere para existir. Se trata de promover una din\u00e1mica que vaya socavando los supuestos instalados que ponderan como indispensables en la ciudad, nociones tales como las econom\u00edas de escala, la concentraci\u00f3n, el gigantismo, las (falsas) necesidades que justifican la permanente realizaci\u00f3n de obras y provisi\u00f3n de materiales e incluso innecesarios flujos energ\u00e9ticos y alimentarios que bien podr\u00edan sustituirse por producciones de cercan\u00edas o incluso intraurbanas; todas funcionales a la l\u00f3gica de la reproducci\u00f3n ampliada del capital y en modo alguno a la de la reproducci\u00f3n ampliada de la vida.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-2b731f0 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"2b731f0\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-f8f3e16\" data-id=\"f8f3e16\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-e52ccb5 elementor-widget elementor-widget-html\" data-id=\"e52ccb5\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"html.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<!-- AddToAny BEGIN -->\r\n<div class=\"a2a_kit a2a_kit_size_32 a2a_default_style\">\r\n<a class=\"a2a_dd\" href=\"https:\/\/www.addtoany.com\/share\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_x\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_facebook\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_whatsapp\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_telegram\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_google_gmail\"><\/a>\r\n<a class=\"a2a_button_printfriendly\"><\/a>\r\n<\/div>\r\n<script async src=\"https:\/\/static.addtoany.com\/menu\/page.js\"><\/script>\r\n<!-- AddToAny END -->\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-8dbf5ae elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"8dbf5ae\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\" id=\"autorxs\" data-settings=\"{&quot;background_background&quot;:&quot;classic&quot;}\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-22d9e3a\" data-id=\"22d9e3a\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-5a16891 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"5a16891\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<h6>Autorxs<\/h6><p><strong><br \/>Horacio A. Feinstein:<\/strong><br \/>Economista pol\u00edtico, especializado en asuntos ambientales y cuestiones urbanas. Miembro del Grupo de Ecolog\u00eda de Paisajes y Medio Ambiente (GEPAMA\/UBA) y del Consejo Consultivo de la Comuna 14, CABA.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>| Por Horacio A. Feinstein | <\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":12664,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1670],"tags":[90,1467,1672,1671],"class_list":["post-12663","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-n-47","tag-ciudad","tag-horacio-a-feinstein","tag-prefacio","tag-problemas-urbanos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12663","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12663"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12663\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":27025,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12663\/revisions\/27025"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12664"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12663"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12663"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12663"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}