{"id":15350,"date":"2014-03-01T01:14:00","date_gmt":"2014-03-01T04:14:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/?p=15350"},"modified":"2024-02-28T13:26:20","modified_gmt":"2024-02-28T16:26:20","slug":"la-nina-la-casa-el-genero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/la-nina-la-casa-el-genero\/","title":{"rendered":"La ni\u00f1a, la casa, el g\u00e9nero"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"15350\" class=\"elementor elementor-15350\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-0ac178b elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"0ac178b\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\" data-settings=\"{&quot;background_background&quot;:&quot;classic&quot;}\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-55ca69f\" data-id=\"55ca69f\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-d72196b elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"d72196b\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>El g\u00e9nero es una construcci\u00f3n social. Los roles asignados a varones y mujeres comienzan a establecerse aun antes de su nacimiento, y se mantienen durante los primeros a\u00f1os en el entorno familiar y la escuela, construyendo femineidades y masculinidades. Tambi\u00e9n los medios de comunicaci\u00f3n juegan su papel, reproduciendo y reforzando los estereotipos y la desigualdad de g\u00e9nero.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-afa0d3b elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"afa0d3b\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-f853e8b\" data-id=\"f853e8b\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-02abc2a elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"02abc2a\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#autorxs\"><em>| Por Marisa Graham |<\/em><\/a><\/p><p>Muchas son las teor\u00edas que intentan explicar las diferencias de g\u00e9nero en nuestro pa\u00eds y en el mundo. Menos se ha podido dar cuenta de estas diferencias muy marcadas de roles, gustos, elecciones, conductas e intereses, entre las ni\u00f1as y los ni\u00f1os, incluyendo las m\u00e1s chiquitas y chiquitos.<\/p><p>Podemos afirmar que s\u00ed existe un importante consenso en relaci\u00f3n a que las relaciones de g\u00e9nero, aun en la primera infancia (0 a 3 a\u00f1os), no son del orden de lo <em>natural<\/em> sino del orden de lo <em>cultural<\/em>, desechando las concepciones biologicistas.<\/p><p>En definitiva, el g\u00e9nero es una construcci\u00f3n social, aun en este grupo etario.<\/p><p>Esta aseveraci\u00f3n parece dif\u00edcil de sostener cuando observamos las conductas de las ni\u00f1as y ni\u00f1os m\u00e1s peque\u00f1os: a partir de los dos a\u00f1os las nenas juegan a las <em>princesas<\/em> y los varones a los <em>superh\u00e9roes<\/em>, y con camiones, autitos y juegos de m\u00f3dulos; en las salas de los jard\u00edn de infantes (2, 3, 4 a\u00f1os) las ni\u00f1as \u201celigen\u201d jugar en el rinc\u00f3n de <em>la casita<\/em> (denominado juego de dramatizaci\u00f3n) y los ni\u00f1os en el rinc\u00f3n de <em>los bloques<\/em> (juego de construcci\u00f3n).<\/p><p>La agresividad (en tanto rasgo de humanidad) se evidencia antes en los varones (alrededor de los dos a\u00f1os) que en las nenas y aquellos son m\u00e1s agresivos que las ni\u00f1as. Las ni\u00f1as <strong>son<\/strong> m\u00e1s aplicadas, suaves y tranquilas y los ni\u00f1os <strong>son<\/strong> menos aplicados, y fuertes y revoltosos.<\/p><p>Sorprende tambi\u00e9n c\u00f3mo los adultos (madres y padres, abuelas y abuelos, docentes y todos aquellos referentes significativos), m\u00e1s all\u00e1 de sus intenciones, se posicionan y reaccionan frente a conductas y elecciones que realizan las ni\u00f1as y los ni\u00f1os en estos espacios cuando aquellas no son las esperadas.<\/p><p>Esta l\u00f3gica binaria que se presenta como una realidad se constata en distintos \u00e1mbitos donde se desarrolla la vida de las ni\u00f1as y ni\u00f1os, comenzando por la familia y la escuela, y muchos son los factores que influyen, confirman y refuerzan estereotipos y construyen femineidades y masculinidades. Uno de ellos son los medios de comunicaci\u00f3n, en particular la televisi\u00f3n, tanto en la programaci\u00f3n como en las publicidades.<\/p><p>Es frecuente escuchar que el proceso de socializaci\u00f3n del sujeto comienza en la escuela, el jard\u00edn, la salita, donde las ni\u00f1as y los ni\u00f1os comparten con otras y otros y que, adem\u00e1s, se encuentran al cuidado de una persona, en m\u00e1s del 90 por ciento de los casos una mujer, que no es su mam\u00e1.<\/p><p>Sin embargo, el proceso de identificaci\u00f3n y tambi\u00e9n el de socializaci\u00f3n, incluyendo en ellos la asignaci\u00f3n de roles, comienza en el seno de la familia. Aun antes de nacer existen en la familia, en particular en la mam\u00e1 y el pap\u00e1, distintas expectativas y deseos sobre el futuro hijo o hija.<\/p><p>Todav\u00eda hoy, ante la pregunta sobre los nombres que la pareja est\u00e1 pensando para su hija o hijo por nacer, se sigue escuchando respuestas cargadas de significados: \u201cSi es nena un nombre <em>lindo<\/em> y si es var\u00f3n un nombre <em>importante<\/em>\u201d.<\/p><p>Las ni\u00f1as y los ni\u00f1os muy peque\u00f1os reciben de regalo juguetes que eligen los adultos, y en las jugueter\u00edas hay juguetes para ni\u00f1as, y otros juguetes para los ni\u00f1os. Es mucho m\u00e1s sencillo encontrar juguetes y juegos interesantes y divertidos para los ni\u00f1os que para las ni\u00f1as, las que est\u00e1n m\u00e1s circunscriptas al universo de las princesas y de las mu\u00f1ecas (anor\u00e9xicas), y al universo familiar y hogare\u00f1o, de beb\u00e9s que lloran y dicen aj\u00f3 y, por supuesto, cocinitas, planchas, tablas de planchar, juegos de t\u00e9, entre otros similares. Por otra parte, cambia la relaci\u00f3n a la hora de comprar ropa para las ni\u00f1as, donde hay much\u00edsima m\u00e1s diversidad que en la indumentaria dise\u00f1ada para los varones.<\/p><p>Otro dato revelador es la asignaci\u00f3n de tareas que se distribuyen entre las ni\u00f1as y los ni\u00f1os a partir de los cinco a\u00f1os, en el seno del hogar.<\/p><p>La Encuesta sobre Condiciones de Vida de Ni\u00f1ez y Adolescencia (ECOVNA) realizada por la Secretar\u00eda de Ni\u00f1ez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de la Naci\u00f3n y UNICEF Argentina en el a\u00f1o 2013 realizada en 2.119 puntos de muestra que abarc\u00f3 un total de 25.400 familias de localidades de m\u00e1s de 5.000 habitante de todo el pa\u00eds, se ha encargado de relevar la realizaci\u00f3n de actividades econ\u00f3micas o dom\u00e9sticas intensas de las ni\u00f1as, ni\u00f1os y adolescentes de 5 a 17 a\u00f1os.<\/p><p>Algunos de sus resultados siguen evidenciando que son las ni\u00f1as y las adolescentes las que cargan en mayor proporci\u00f3n con el peso de las actividades dom\u00e9sticas y que son los ni\u00f1os los destinados en mayor porcentaje a realizar tareas econ\u00f3micas tanto para el mercado como para el negocio o granja familiar.<\/p><p>Se incluye en el grupo de las ni\u00f1as, ni\u00f1os y adolescentes que realizan actividades dom\u00e9sticas intensas a aquella\/os que han trabajado en el hogar 10 horas o m\u00e1s en el caso de los ni\u00f1os y ni\u00f1as de 5 a 13 a\u00f1os y 15 horas o m\u00e1s para las y los adolescentes de 14 a 17 a\u00f1os, en la semana anterior a la encuesta. Se incluye en los otros dos grupos a aquellos que han realizado actividades econ\u00f3micas para el mercado o para el negocio familiar o para el autoconsumo por lo menos una hora en la semana anterior a la encuesta.<\/p><p style=\"text-align: center;\"><strong>Cuadro 1.<\/strong> Porcentaje de ni\u00f1as, ni\u00f1os y adolescentes <br \/>que realizan actividades econ\u00f3micas o dom\u00e9sticas intensas, seg\u00fan grupos de edad<br \/><a href=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C1.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-15353\" src=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C1.jpg\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"176\" srcset=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C1.jpg 586w, https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C1-300x96.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 550px) 100vw, 550px\" \/><\/a><\/p><p style=\"text-align: center;\"><strong>Cuadro 2.<\/strong> Porcentaje de ni\u00f1as, ni\u00f1os y adolescentes <br \/>que realizan actividades econ\u00f3micas o dom\u00e9sticas intensas, seg\u00fan sexo<br \/><a href=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C2.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-15354\" src=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C2.jpg\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"156\" srcset=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C2.jpg 587w, https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C2-300x85.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 550px) 100vw, 550px\" \/><\/a><\/p><p>Como lo demuestra el cuadro 2, las ni\u00f1as y las adolescentes realizan tareas dom\u00e9sticas intensas no s\u00f3lo m\u00e1s que los ni\u00f1os y los adolescentes (m\u00e1s del 100%) sino que a aquellas se les asigna las tareas dom\u00e9sticas m\u00e1s que el trabajo en el afuera (mercado) o para el negocio familiar o el autoconsumo. Seg\u00fan surge de la encuesta, el trabajo dom\u00e9stico intenso est\u00e1 m\u00e1s extendido en t\u00e9rminos relativos, en las regiones Centro (2,3%) y NEA (2,2%) que en el resto del pa\u00eds.<\/p><p style=\"text-align: center;\"><strong>Cuadro 3.<\/strong> Porcentaje de ni\u00f1as y ni\u00f1os de 5 a 13 a\u00f1os <br \/>que realizan actividades econ\u00f3micas o dom\u00e9sticas intensas, seg\u00fan sexo<br \/><a href=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C3.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-15355\" src=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C3.jpg\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"156\" srcset=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C3.jpg 586w, https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C3-300x85.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 550px) 100vw, 550px\" \/><\/a><\/p><p style=\"text-align: center;\"><strong>Cuadro 4.<\/strong> Porcentaje de adolescentes de 14 y 15 a\u00f1os <br \/>que realizan actividades econ\u00f3micas o dom\u00e9sticas intensas, seg\u00fan sexo<br \/><a href=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C4.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-15356\" src=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C4.jpg\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"156\" srcset=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C4.jpg 586w, https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C4-300x85.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 550px) 100vw, 550px\" \/><\/a><\/p><p style=\"text-align: center;\"><strong>Cuadro 5.<\/strong> Porcentaje de adolescentes de 16 y 17 a\u00f1os <br \/>que realizan actividades econ\u00f3micas o dom\u00e9sticas intensas, seg\u00fan sexo<br \/><a href=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C5.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-15357\" src=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C5.jpg\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"154\" srcset=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C5.jpg 586w, https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C5-300x84.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 550px) 100vw, 550px\" \/><\/a><\/p><p>Del an\u00e1lisis de los datos recabados por la ECOVNA en la distinci\u00f3n entre las tres franjas etarias, se puede concluir que las diferencias de g\u00e9nero son relevantes dentro del grupo de los adolescentes de 16 y 17 a\u00f1os. La proporci\u00f3n de los adolescentes que realizan tareas para el mercado es un poco m\u00e1s del doble que la que realizan las mujeres, en tanto la incidencia del trabajo dom\u00e9stico intenso entre las chicas es cinco veces superior a la de los adolescentes. T\u00e9ngase en cuenta que la ley 26.390, que proh\u00edbe el trabajo infantil, autoriza y regula la actividad laboral de las y los adolescentes a partir de los 16 a\u00f1os.<\/p><p style=\"text-align: center;\"><strong>Cuadro 6.<\/strong> Porcentaje de ni\u00f1as, ni\u00f1os y adolescentes <br \/>que realizan actividades econ\u00f3micas o dom\u00e9sticas intensas, seg\u00fan quintil socioecon\u00f3mico<br \/><a href=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C6.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-15358\" src=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C6.jpg\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"230\" srcset=\"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C6.jpg 561w, https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-content\/uploads\/3215Graham-C6-300x126.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 550px) 100vw, 550px\" \/><\/a><\/p><p>Del an\u00e1lisis del cuadro 6 se puede concluir que en relaci\u00f3n con la realizaci\u00f3n de tareas dom\u00e9sticas intensas por parte de las ni\u00f1as y ni\u00f1os de 5 a 13 a\u00f1os, <strong>los valores registrados entre los distintos quintiles socioecon\u00f3micos son similares entre s\u00ed<\/strong>.<\/p><p>Finalmente, son los medios de comunicaci\u00f3n, en particular la televisi\u00f3n, los que merecen un estudio mucho m\u00e1s extenso que lo que pretende este art\u00edculo, ya que reproducen y refuerzan crudamente los estereotipos y la desigualdad de g\u00e9nero, tanto en los contenidos de los programas como en las publicidades, en las que el narrador suele ser un hombre que dirige un mensaje al p\u00fablico, mientras que cuando habla una mujer, se dirige a sus hijos o hijas, beb\u00e9s y mascotas, o charlan livianamente entre ellas sobre dietas y yogur, y en el peor de los casos, dialogan con un detergente o un limpiador antigrasa.<\/p><p>Seguir profundizando los cambios culturales y de todo orden que se han venido registrando en la \u00faltima d\u00e9cada, en relaci\u00f3n con el reconocimiento y la ampliaci\u00f3n de derechos y la promoci\u00f3n de relaciones m\u00e1s igualitarias y democr\u00e1ticas entre todas y todos y en todos los \u00e1mbitos donde se desarrollan nuestras vidas, tal vez sea el camino para que las mujeres de todas las edades podamos elegir cada vez con mayor libertad, entre otras opciones m\u00e1s estimulantes que ser princesas o cenicientas.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-c52b18f elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"c52b18f\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container 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Directora Nacional de Promoci\u00f3n y protecci\u00f3n integral. Secretar\u00eda Nacional de Ni\u00f1ez, adolescencia y Familia. Ministerio de Desarrollo Social de la Naci\u00f3n.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>| Por Marisa Graham | El g\u00e9nero es una construcci\u00f3n social. Los roles asignados a varones y mujeres comienzan a establecerse aun antes de su nacimiento, y se mantienen durante los primeros a\u00f1os en el entorno familiar y la escuela, construyendo femineidades y masculinidades. Tambi\u00e9n los medios de comunicaci\u00f3n juegan su papel, reproduciendo y reforzando los estereotipos y la desigualdad de g\u00e9nero.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":15351,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2266],"tags":[2293,46,1643,60,2292],"class_list":["post-15350","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-n-32","tag-construccion-social","tag-desigualdad","tag-estereotipos","tag-genero","tag-marisa-graham"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15350","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15350"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15350\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28334,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15350\/revisions\/28334"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15351"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15350"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15350"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15350"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}