{"id":31273,"date":"2025-09-01T01:01:00","date_gmt":"2025-09-01T04:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/?p=31273"},"modified":"2025-09-08T13:41:23","modified_gmt":"2025-09-08T16:41:23","slug":"la-larga-agonia-del-peso-argentino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/la-larga-agonia-del-peso-argentino\/","title":{"rendered":"La larga agon\u00eda del peso argentino"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"31273\" class=\"elementor elementor-31273\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-6c05019 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"6c05019\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\" data-settings=\"{&quot;background_background&quot;:&quot;classic&quot;}\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-9c74716\" data-id=\"9c74716\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-fe4fca1 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"fe4fca1\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>El trabajo sostiene que la tradicional fragilidad monetaria en la Argentina tiene en el presente consecuencias m\u00e1s ruinosas que en el pasado, a partir de la idea de que la incapacidad del sistema pol\u00edtico de este pa\u00eds para responder a los cambios de \u00e9poca es el principal factor que explica el deterioro relativo de su econom\u00eda en relaci\u00f3n al mundo y la regi\u00f3n.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-e7521e4 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"e7521e4\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-c5be283\" data-id=\"c5be283\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-6449808 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"6449808\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#autorxs\"><em>| Por Eduardo Crespo, Gonzalo Fern\u00e1ndez Guasp y Gonzalo Guilardes |<\/em><\/a><\/p><h5>El dinero en la civilizaci\u00f3n<\/h5><p>Puede pensarse el dinero como una \u201ctecnolog\u00eda social\u201d, o bien como una \u201cinstituci\u00f3n\u201d, imprescindible para el funcionamiento de las sociedades complejas<a id=\"text1\"><\/a><a href=\"#foot1\"><span style=\"color: #0000ff;\"><sup>1<\/sup><\/span><\/a>. Sin dinero la divisi\u00f3n del trabajo y la especializaci\u00f3n entre diferentes actividades no podr\u00edan alcanzar la extensi\u00f3n que observamos en la actualidad. El dinero es una herramienta hasta ahora ineludible para lidiar con los vol\u00famenes gigantescos de informaci\u00f3n que a diario genera toda econom\u00eda moderna. Imagine el lector si tuviera que calcular las relaciones de cambio de cada uno de los bienes que consume con relaci\u00f3n a cualquier otro bien que desea intercambiar. Sin dinero tampoco ser\u00eda imaginable el funcionamiento de los Estados modernos. Imaginemos por un instante, por ejemplo, que un determinado gobierno decidiera cobrar impuestos en especie. Las dificultades log\u00edsticas de almacenar y distribuir millones de productos ser\u00edan inabordables y los costos administrativos (medidos vaya a saber en qu\u00e9 unidad de cuenta) ser\u00edan alt\u00edsimos, incluso quiz\u00e1s m\u00e1s elevados que el monto recaudado, circunstancia que inviabilizar\u00eda la estatalidad misma. El dinero, adem\u00e1s, es un dispositivo fundamental para trasladar valor en el espacio y en el tiempo. No deber\u00edamos subestimar lo extraordinario que es recibir algo que llamamos \u201cdinero\u201d en determinado lugar sabiendo que disponemos de la potestad de cambiarlo por cualquier mercanc\u00eda en otro sitio indistinto y en el momento deseado.<\/p><p>El aumento de la complejidad social est\u00e1 asociado al surgimiento de Estados, relaciones de mercado e instrumentos capaces de (y a veces dise\u00f1ados para) desempe\u00f1ar funciones dinerarias. Desde los tiempos del reino de Lydia, en el siglo VII a.C., los agentes estatales comenzaron a crear estos instrumentos de forma deliberada, es decir, acu\u00f1aron monedas con prop\u00f3sitos dinerarios. Es importante se\u00f1alar que aunque com\u00fanmente nos referimos al dinero en singular, hablamos de las monedas en plural. Toda moneda es apenas una entre muchas, as\u00ed como cualquier Estado es un Estado entre otros Estados. No existe ninguna moneda absolutamente universal porque para ocupar la posici\u00f3n del dinero toda moneda siempre se encuentra compitiendo con otras. Desde la antig\u00fcedad, y dependiendo de las circunstancias hist\u00f3ricas, quienes participan de actividades mercantiles optan por unas monedas en lugar de otras con distintos prop\u00f3sitos, como precificar mercanc\u00edas, realizar transacciones, o conservar valor en el tiempo y\/o en el espacio.<\/p><p>Las formas hist\u00f3ricas que fue adoptando la instituci\u00f3n o tecnolog\u00eda del dinero fueron cambiantes y dependieron de las funciones a desempe\u00f1ar. A modo de ejemplo, el comercio entre sociedades independientes y regidas por autoridades pol\u00edticas distintas tendi\u00f3 a limitarse a aquellos bienes con caracter\u00edsticas muy especiales y distintivas, como metales preciosos, particularmente \u00fatiles para el intercambio entre partes con v\u00ednculos m\u00e1s bien ef\u00edmeros; mientras que al interior de las unidades pol\u00edticas, especialmente las de grandes dimensiones y considerables grados de autarqu\u00eda, surgieron condiciones apropiadas para el dise\u00f1o de instrumentos monetarios con caracter\u00edsticas crecientemente fiduciarias. La relaci\u00f3n entre la pol\u00edtica y el dinero se encuentra en el centro de todo debate sobre cuestiones monetarias. El origen de esta tensi\u00f3n es comprensible cuando se piensa que el dinero facilita la adquisici\u00f3n y administraci\u00f3n de recursos necesarios para el funcionamiento de los Estados. Por esta raz\u00f3n la mayor\u00eda de los Estados fijan las obligaciones impositivas de sus s\u00fabditos en monedas creadas por ellos. De igual modo, tambi\u00e9n las promueven mediante el dise\u00f1o de sistemas de deuda p\u00fablica denominados en ellas. Aquellos Estados que logran circunscribir las funciones dinerarias fundamentales con sus impuestos y sistemas de deuda p\u00fablica disponen, en los t\u00e9rminos de Michael Mann (1986), de un mayor \u201cpoder infraestructural\u201d para movilizar recursos, es decir, para redistribuir la energ\u00eda que circula dentro de su jurisdicci\u00f3n (o incluso fuera de ella), con prop\u00f3sitos tan variados como defender sus fronteras, conquistar nuevos territorios o mejorar las condiciones de vida de su poblaci\u00f3n.<\/p><h5>Monedas enraizadas y desenraizadas<\/h5><p>Nuestra tesis central es que a lo largo de la historia se han producido din\u00e1micas que siguiendo a Karl Polanyi (2001) pueden caracterizarse como procesos de \u201cenraizamiento\u201d, \u201cdesenraizamiento\u201d y \u201cre-enraizamiento\u201d de las relaciones de mercado con las instituciones y sistemas de regulaci\u00f3n. Es decir, seg\u00fan el contexto hist\u00f3rico y las condiciones imperantes, los mercados estuvieron sujetos en mayor o menor medida al control de determinadas instituciones, ya sean Estados, marcos normativos formales o formas consuetudinarias de regulaci\u00f3n dentro de sistemas comunitarios. En ciertos per\u00edodos las transacciones econ\u00f3micas estuvieron profundamente integradas a estructuras sociales y pol\u00edticas que regulaban su funcionamiento; en otros, las fuerzas del mercado operaron con mayor autonom\u00eda, desancladas de restricciones de naturaleza extraecon\u00f3mica, a menudo con consecuencias disruptivas. Posteriormente, en respuesta a las crisis y las tensiones provocadas por estos desenraizamientos, surgieron movimientos que buscaron reestablecer alg\u00fan tipo de regulaci\u00f3n o control, promoviendo nuevas formas de enraizar o integrar los mercados a las sociedades. En palabras del propio Polanyi, surgieron movimientos orientados a la \u201cautoprotecci\u00f3n de la sociedad\u201d.<\/p><p>El siglo XIX, como tambi\u00e9n se\u00f1ala Polanyi, se distingui\u00f3 por un profundo proceso de desenraizamiento institucional de los mercados, impulsado por la consolidaci\u00f3n de una econom\u00eda global interconectada. Este fen\u00f3meno estuvo marcado por la expansi\u00f3n de la divisi\u00f3n internacional del trabajo, la mercantilizaci\u00f3n a escala mundial de productos b\u00e1sicos como alimentos, la creaci\u00f3n y proliferaci\u00f3n de mercados de deuda tanto nacionales como internacionales y la progresiva conversi\u00f3n de la tierra y la fuerza de trabajo en mercanc\u00edas reguladas por la l\u00f3gica del mercado. Adem\u00e1s, por primera vez en la historia, se configur\u00f3 un sistema econ\u00f3mico caracterizado por la movilidad transfronteriza de capitales, lo que facilit\u00f3 la integraci\u00f3n de mercados financieros a escala global. Todo este entramado de transformaciones fue viabilizado por los avances tecnol\u00f3gicos emblem\u00e1ticos de la Revoluci\u00f3n Industrial, como el ferrocarril, el barco a vapor y el tel\u00e9grafo, infraestructuras que no solo aceleraron la circulaci\u00f3n de bienes, capitales e informaci\u00f3n, sino que tambi\u00e9n contribuyeron a reconfigurar el espacio econ\u00f3mico mundial, estableciendo nuevas formas de dependencia e interconexi\u00f3n entre econom\u00edas nacionales. En este contexto, las monedas nacionales dispon\u00edan de un nexo econ\u00f3mico fundamental en el denominado \u201cPatr\u00f3n Oro\u201d, o dicho de forma m\u00e1s precisa, en la libra esterlina convertible en oro.<\/p><p>El resquebrajamiento de la hegemon\u00eda brit\u00e1nica, acelerado por el ascenso de nuevas potencias en proceso de r\u00e1pida industrializaci\u00f3n como Estados Unidos y Alemania, marc\u00f3 el inicio de una era de profunda inestabilidad en el orden global. A medida que estas econom\u00edas emergentes desafiaban el predominio brit\u00e1nico, las estructuras econ\u00f3micas y pol\u00edticas que hab\u00edan sostenido el sistema internacional comenzaron a debilitarse, dando paso a un prolongado per\u00edodo de turbulencias. Este proceso alcanz\u00f3 su punto cr\u00edtico en el per\u00edodo de entreguerras, caracterizado por una sucesi\u00f3n de crisis que incluyeron la Revoluci\u00f3n Rusa, el ascenso de reg\u00edmenes fascistas en diversas partes del mundo y el colapso del sistema financiero internacional tras la crisis de 1929, cuyo impacto desencaden\u00f3 una depresi\u00f3n econ\u00f3mica sin precedentes. Desde la perspectiva de autores como el mismo Karl Polanyi, estos cataclismos no fueron eventos aislados, sino manifestaciones de las tensiones acumuladas tras el desenraizamiento previo de los mercados con respecto a los antiguos sistemas de regulaci\u00f3n. La liberalizaci\u00f3n extrema de las relaciones de mercado, al despojar a las sociedades de mecanismos de protecci\u00f3n y estabilidad, habr\u00eda generado desequilibrios que en \u00faltima instancia propiciaron respuestas radicales y procesos de transformaci\u00f3n pol\u00edtica de gran alcance.<\/p><p>Luego, con el fin del per\u00edodo que Eric Hobsbawm (1994) describiera como \u201cla era de las cat\u00e1strofes\u201d, emergi\u00f3 un nuevo orden internacional bajo el liderazgo de Estados Unidos, pa\u00eds que dispon\u00eda de las condiciones de imponer sus instituciones y reglas de juego en el escenario global. Entre los pilares fundamentales de este nuevo dise\u00f1o internacional estuvo la creaci\u00f3n de organismos como las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, dise\u00f1ados para estructurar y estabilizar las relaciones internacionales en distintos frentes. Sin embargo, para los fines de este an\u00e1lisis, la instituci\u00f3n m\u00e1s relevante fue la consolidaci\u00f3n del orden monetario en los acuerdos de Bretton Woods. Este r\u00e9gimen monetario colocaba al d\u00f3lar estadounidense como nexo general del sistema con tipos de cambio entre monedas nacionales regulados y, sobre todo, con restricciones a la movilidad internacional del capital, limitando as\u00ed la volatilidad financiera caracter\u00edstica del per\u00edodo anterior y que hab\u00eda despojado a los Estados de herramientas de control y regulaci\u00f3n.<\/p><p>Estas condiciones dieron lugar a un nuevo proceso de re-enraizamiento institucional de los mercados, por el cual las relaciones econ\u00f3micas volvieron a estar sujetas a mecanismos de regulaci\u00f3n dirigidos desde la esfera pol\u00edtica. Los controles de capital y las regulaciones financieras no solo estabilizaron el sistema econ\u00f3mico global, sino que, en palabras de Hobsbawm, inauguraron una verdadera \u201cEra de oro del capitalismo\u201d. Este per\u00edodo se caracteriz\u00f3 por un crecimiento econ\u00f3mico sostenido, niveles in\u00e9ditos de empleo y mejoras significativas en los est\u00e1ndares de vida, especialmente en el mundo occidental. La expansi\u00f3n de los Estados de Bienestar consolid\u00f3 la seguridad social y los Estados comenzaron a desempe\u00f1ar papeles m\u00e1s activos en la inversi\u00f3n p\u00fablica y la regulaci\u00f3n de los mercados. Paralelamente, en muchas econom\u00edas en desarrollo, con mayor o menor \u00e9xito, se implementaron estrategias de industrializaci\u00f3n dirigidas por los Estados, con el objetivo de cerrar la brecha tecnol\u00f3gica y productiva respecto de los pa\u00edses m\u00e1s avanzados. Estas estrategias contemplaban medidas como subsidios, barreras proteccionistas y una activa promoci\u00f3n del desarrollo t\u00e9cnico.<\/p><p>La configuraci\u00f3n de un sistema bipolar, signado por la competencia entre Estados Unidos y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, reforz\u00f3 las condiciones de negociaci\u00f3n de la clase trabajadora a nivel planetario. En este contexto, las organizaciones sindicales y los partidos pol\u00edticos con tradici\u00f3n reivindicativa lograron consolidar su influencia en la configuraci\u00f3n de pol\u00edticas econ\u00f3micas y sociales, asegurando un per\u00edodo de relativa estabilidad y redistribuci\u00f3n no solo en las econom\u00edas capitalistas avanzadas, sino tambi\u00e9n en gran parte de la periferia.<\/p><p>Esta concentraci\u00f3n del poder geopol\u00edtico y econ\u00f3mico de Occidente en Estados Unidos, junto con la arquitectura de gobernanza econ\u00f3mica internacional establecida tras la Segunda Guerra Mundial, fueron las condiciones que durante un cuarto de siglo hicieron posible que \u201cla pol\u00edtica gobernara a la econom\u00eda\u201d. A finales de los a\u00f1os sesenta, no obstante, comenzaron a registrarse filtraciones en el sistema. En el \u00e1mbito financiero, el surgimiento del mercado de eurod\u00f3lares en plazas m\u00e1s liberalizadas, como Londres, permiti\u00f3 a los operadores eludir las restricciones impuestas en sus pa\u00edses de origen, socavando progresivamente el control estatal sobre los flujos de capital. Las actividades productivas, por su parte, ya hab\u00edan iniciado un profundo proceso de internacionalizaci\u00f3n liderado por las empresas multinacionales. En diversas econom\u00edas avanzadas comenzaron a aparecer presiones inflacionarias que obligaban a los gobiernos a revisar aquellas recetas que hab\u00edan funcionado tan bien en a\u00f1os anteriores. Pero la crisis m\u00e1s aguda se gest\u00f3 en el \u00e1mbito monetario: pa\u00edses como Francia y Alemania, que hab\u00edan acumulado grandes reservas de d\u00f3lares, empezaron a exigir la conversi\u00f3n de estos por oro, poniendo en jaque la paridad establecida en Bretton Woods en 1944 (35 d\u00f3lares por onza de oro).<\/p><p>Ante la creciente presi\u00f3n sobre el sistema, en 1971, el gobierno de Estados Unidos decidi\u00f3 abandonar unilateralmente la convertibilidad del d\u00f3lar en oro, poniendo fin al r\u00e9gimen de paridades fijas y dando paso a un sistema de tipos de cambio flotantes. Este cambio estructural, lejos de ser un simple ajuste t\u00e9cnico, marc\u00f3 el comienzo de una transformaci\u00f3n m\u00e1s profunda en el orden econ\u00f3mico global. A la inestabilidad cambiaria se sumaron las crecientes tensiones distributivas en Occidente, donde las demandas salariales y las pol\u00edticas expansivas generaban presiones inflacionarias dif\u00edciles de contener. Los shocks petroleros de 1973 y 1979 agravaron a\u00fan m\u00e1s el panorama, disparando la inflaci\u00f3n a niveles cr\u00edticos y desencadenando una crisis que sentar\u00eda las bases para el giro neoliberal que dominar\u00eda la econom\u00eda global en las d\u00e9cadas siguientes.<\/p><p>La ruptura del orden instaurado en Bretton Woods, el shock de tasas de inter\u00e9s ejecutado por la Reserva Federal de Estados Unidos en 1979 y la ola de pol\u00edticas orientadas a la desregulaci\u00f3n financiera que se impusieron a partir de entonces marcaron el inicio de un nuevo ciclo de desenraizamiento de los mercados. Este proceso tuvo consecuencias profundas: no solo desat\u00f3 una crisis de endeudamiento externo en casi toda la periferia mundial, sino que tambi\u00e9n promovi\u00f3 la movilidad internacional del capital en escalas sin precedentes. Tanto los capitales financieros, caracterizados por su liquidez y facilidad de desplazamiento, como los capitales destinados a inversiones productivas de m\u00e1s largo plazo comenzaron a fluir sin mayores restricciones de un punto a otro del globo, guiados exclusivamente por las expectativas de rentabilidad y el diferencial de tasas de inter\u00e9s entre pa\u00edses.<\/p><p>Este cambio estructural tuvo implicaciones decisivas para la capacidad de los Estados nacionales de intervenir en sus econom\u00edas y regular la distribuci\u00f3n del ingreso entre el capital y el trabajo. Con la liberalizaci\u00f3n financiera, los gobiernos vieron significativamente erosionadas sus herramientas de pol\u00edtica econ\u00f3mica, ya que cualquier intento de aumentar impuestos al capital, mejorar las condiciones laborales o expandir el gasto p\u00fablico pod\u00eda desencadenar salidas de capital que desataran una crisis cambiaria debilitando sus monedas. En el corto plazo, la volatilidad del capital financiero exacerb\u00f3 la inestabilidad macroecon\u00f3mica, con movimientos especulativos capaces de provocar depreciaciones abruptas de las monedas y ataques contra los sistemas financieros nacionales. A m\u00e1s largo plazo, la eliminaci\u00f3n de buena parte de las barreras pol\u00edticas que limitaban la movilidad del capital productivo reforz\u00f3 una competencia entre Estados por atraer inversiones mediante incentivos fiscales, reducci\u00f3n de regulaciones y flexibilizaciones laborales o ambientales, hechos que consolidaron un escenario de disciplinamiento estructural donde las decisiones econ\u00f3micas quedaron crecientemente subordinadas a las din\u00e1micas del mercado global.<\/p><p>La globalizaci\u00f3n financiera no solo reconfigur\u00f3 la arquitectura econ\u00f3mica mundial, sino que tambi\u00e9n transform\u00f3 en profundidad las relaciones de poder entre Estados, mercados y actores privados. Con la creciente movilidad de capitales, la l\u00f3gica del capital transnacional adquiri\u00f3 un rol central en la definici\u00f3n de pol\u00edticas econ\u00f3micas y sociales, reduciendo significativamente el margen de acci\u00f3n de los gobiernos para intervenir en la econom\u00eda, regular los mercados o sostener modelos de bienestar y pol\u00edticas redistributivas. Mientras que en el per\u00edodo comprendido entre la posguerra y principios de la d\u00e9cada de 1970 una econom\u00eda perif\u00e9rica a\u00fan pod\u00eda crecer y fomentar la distribuci\u00f3n del ingreso incluso con niveles de inflaci\u00f3n que hoy considerar\u00edamos elevados \u2013por ejemplo, del 50% anual\u2013, las transformaciones impuestas por la globalizaci\u00f3n financiera hicieron de la inflaci\u00f3n un problema especialmente cr\u00edtico. Al generar incertidumbre sobre los tipos de cambio y los retornos esperados, la inflaci\u00f3n convierte a los pa\u00edses afectados en blanco ideal para las fugas de capital, que operan de manera preventiva ante cualquier se\u00f1al de inestabilidad.<\/p><p>Si a este escenario se le suma, en primer lugar, la crisis y posterior colapso del bloque liderado por la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, que elimin\u00f3 el principal contrapeso ideol\u00f3gico y geopol\u00edtico al capitalismo occidental, y en segundo lugar, y a\u00fan m\u00e1s importante, el ingreso de China y, posteriormente, de gran parte de los pa\u00edses asi\u00e1ticos al mercado mundial, no resulta sorprendente que la desigualdad haya aumentado de manera sostenida en la mayor\u00eda de las econom\u00edas. La integraci\u00f3n de estos pa\u00edses al comercio global a\u00f1adi\u00f3 cientos de millones de trabajadores a la econom\u00eda internacional, intensificando la competencia laboral y acelerando procesos de desindustrializaci\u00f3n en varias econom\u00edas avanzadas.<\/p><p>Pero este proceso no solo impact\u00f3 a los pa\u00edses centrales, sino que tambi\u00e9n impuso una competencia sin precedentes que dificulta seriamente las posibilidades de industrializaci\u00f3n del resto de la periferia. Si en la segunda mitad del siglo XX la industrializaci\u00f3n de Am\u00e9rica Latina, \u00c1frica o Medio Oriente a\u00fan pod\u00eda concebirse como una v\u00eda de desarrollo consistente en reducir brechas con Estados Unidos y Europa \u2013en un contexto donde las econom\u00edas m\u00e1s avanzadas eran en su mayor\u00eda mercados maduros, con altos salarios y estructuras productivas relativamente consolidadas\u2013, la consolidaci\u00f3n de Asia como el gran polo manufacturero global desplaz\u00f3 ese \u201ctecho\u201d de industrializaci\u00f3n mucho m\u00e1s abajo. Competir con las manufacturas chinas, con sus escalas de producci\u00f3n planetaria, reducidos costos laborales \u2013al menos en las etapas iniciales del proceso\u2013, condiciones excepcionales de financiamiento, envidiables capacidades de planificaci\u00f3n y agresivas pol\u00edticas de subsidios y transferencias tecnol\u00f3gicas, aleja a\u00fan m\u00e1s las posibilidades de promover una industrializaci\u00f3n exitosa para buena parte de la periferia. Estas condiciones le permitieron a China transitar desde la manufactura intensiva en mano de obra barata hacia sectores de mayor sofisticaci\u00f3n tecnol\u00f3gica y niveles m\u00e1s elevados de remuneraci\u00f3n. Este ascenso no solo consolid\u00f3 a China como la \u201cf\u00e1brica del mundo\u201d, sino que tambi\u00e9n redefini\u00f3 las reglas de la competencia internacional, imponiendo est\u00e1ndares de eficiencia, escala y costos que han dejado a muchas econom\u00edas emergentes con m\u00e1rgenes de maniobra sumamente reducidos para desarrollar estrategias de industrializaci\u00f3n aut\u00f3nomas y sostenibles.<\/p><h5>El nuevo pecado original de la Argentina<\/h5><p>A diferencia de lo ocurrido durante la desglobalizaci\u00f3n de entreguerras, cuando en todas las regiones los pa\u00edses subdesarrollados experimentaron con estrategias de industrializaci\u00f3n por sustituci\u00f3n de importaciones, el escenario internacional inaugurado en la d\u00e9cada de 1970 condujo a formas de inserci\u00f3n en la econom\u00eda global que recuerdan en forma llamativa la divisi\u00f3n internacional del trabajo de la segunda mitad del siglo XIX. En muchos casos, estos pa\u00edses se vieron forzados a reorientar sus recursos y estrategias de desarrollo hacia esquemas de especializaci\u00f3n m\u00e1s tradicionales, centrados en la exportaci\u00f3n de materias primas y manufacturas espec\u00edficas en las que cuentan con ventajas competitivas derivadas del acceso a recursos naturales estrat\u00e9gicos.<\/p><p>Si bien este patr\u00f3n de inserci\u00f3n fue acompa\u00f1ado en ciertos casos \u2013especialmente desde inicios del siglo XXI\u2013 por per\u00edodos de crecimiento sostenido, estabilidad macroecon\u00f3mica, mejoras sociales e incluso avances en diversificaci\u00f3n productiva, las posibilidades de cerrar significativamente las brechas de desarrollo con las econom\u00edas m\u00e1s avanzadas, como Europa Occidental y Estados Unidos, o con las m\u00e1s competitivas del presente, como el bloque asi\u00e1tico que gira en torno a las cadenas de valor centradas en China, parecen cada vez m\u00e1s lejanas. Las barreras de acceso a sectores de mayor sofisticaci\u00f3n son m\u00e1s elevadas, lo que restringe las opciones de desarrollo aut\u00f3nomo para gran parte de la periferia.<\/p><p>Sin embargo, aunque este escenario puede parecer deprimente, la experiencia argentina del \u00faltimo medio siglo es considerablemente m\u00e1s decepcionante cuando se la compara con la mayor\u00eda de los pa\u00edses que integran la periferia. No solo perdi\u00f3 la carrera por acortar la brecha que la separa de las econom\u00edas m\u00e1s avanzadas, no solo sufri\u00f3 un severo proceso de desindustrializaci\u00f3n, sino que en lo que va del siglo XXI la Argentina ni siquiera pudo aprovechar, como ocurri\u00f3 en la mayor parte de la regi\u00f3n, el boom de <em>commodities<\/em> para estabilizar su macroeconom\u00eda y crecer a tasas razonables con niveles de inflaci\u00f3n moderados. Por el contrario, el caso argentino es especialmente grave porque incluso su moneda perdi\u00f3 varios de los atributos del dinero, con el agravante de que ahora nuestra tradicional inestabilidad macroecon\u00f3mica se traduce en una ca\u00edda tendencial de los niveles de actividad, hecho que desencaden\u00f3 una crisis de representaci\u00f3n sin precedentes desde el retorno de la democracia.<\/p><p>\u00bfPor qu\u00e9 la Argentina tuvo un desempe\u00f1o especialmente decepcionante con la nueva onda de globalizaci\u00f3n neoliberal ocurrida en el mundo desde la segunda mitad de la d\u00e9cada de 1970? \u00bfQu\u00e9 circunstancias operan para que la Argentina no haya podido adaptarse, al menos como el resto de la regi\u00f3n, al desenraizamiento de las relaciones de mercado ocurrido desde entonces? Por un lado, en la Argentina hay un denominador com\u00fan compartido por todos los gobiernos desde la \u00faltima dictadura hasta el presente, cualquiera sea el signo ideol\u00f3gico: la necesidad percibida por todo gobierno en definir una cotizaci\u00f3n cambiaria que funcione como ancla inflacionaria y, m\u00e1s importante, garantice o ayude a garantizar el humor social, puesto que el apoyo pol\u00edtico, por no hablar de las elecciones, en la Argentina est\u00e1 estrechamente entrelazado con la cotizaci\u00f3n cambiaria del momento. En otro art\u00edculo denominamos este fen\u00f3meno como \u201cdominancia electoral\u201d<a id=\"text2\"><\/a><a href=\"#foot2\"><span style=\"color: #0000ff;\"><sup>2<\/sup><\/span><\/a>. Por otro lado, est\u00e1n los factores espec\u00edficos que provocaron la divergencia de la econom\u00eda argentina con relaci\u00f3n a nuestros vecinos en lo que va del siglo XXI. Entendemos que la combinaci\u00f3n de estos factores espec\u00edficos con la dominancia electoral, o dicho de otro modo, la urgencia que todo gobierno argentino parece demostrar para hacerse de poder pol\u00edtico en el corto plazo buscando fijar un tipo de cambio, explica el desacople argentino de las econom\u00edas de los pa\u00edses vecinos durante el siglo XXI. En ese sentido, y a pesar de lo que suele afirmarse, nuestra lectura es que no hubo un p\u00e9ndulo en la pol\u00edtica econ\u00f3mica. Lo que se observa es un centro de gravitaci\u00f3n \u00fanico: el de la apreciaci\u00f3n cambiaria con despreocupaci\u00f3n por la sostenibilidad macroecon\u00f3mica.<\/p><p>\u00bfCu\u00e1les fueron estos factores espec\u00edficos que sumados a nuestra ya vieja dominancia electoral nos condujeron al fracaso absoluto y relativo observado en los \u00faltimos a\u00f1os? El pa\u00eds, como el resto de la regi\u00f3n, logr\u00f3 salir de su hiperinflaci\u00f3n en la d\u00e9cada de 1990. La particularidad del caso argentino fue la rigidez del plan implementado para conseguirlo: el r\u00e9gimen de convertibilidad. Aunque dicho esquema cambiario tuvo costos severos en t\u00e9rminos sociales, especialmente los ocasionados por el elevado nivel de desempleo, las ra\u00edces de la debilidad monetaria argentina, aquello que nos hizo recaer nuevamente en elevados \u00edndices de inflaci\u00f3n y transform\u00f3 al peso en una moneda fr\u00e1gil que se utiliza apenas como medio transaccional, ocurri\u00f3 durante la posconvertibilidad: tras un ef\u00edmero per\u00edodo de estabilidad, el nuevo gobierno comenz\u00f3 a adoptar medidas que atentaron contra la fortaleza monetaria del pa\u00eds, lo que puede considerarse como el pecado capital de la Argentina contempor\u00e1nea.<\/p><p>Fue por ese entonces cuando comenzaron a observarse signos de divergencia \u2013especialmente en el plano monetario\u2013 con respecto a los dem\u00e1s pa\u00edses de la regi\u00f3n. En lugar de impulsar un mercado de deuda p\u00fablica profundo y nominado en moneda local como sucedi\u00f3 en experiencias similares, el gobierno opt\u00f3 por ignorar la globalizaci\u00f3n financiera y aisl\u00f3 al pa\u00eds de los mercados internacionales dando un giro de 180 grados con relaci\u00f3n a las pol\u00edticas de los a\u00f1os previos. La negaci\u00f3n oficial de la inflaci\u00f3n desde 2007, la intervenci\u00f3n del INDEC y la adopci\u00f3n de tasas de inter\u00e9s secularmente negativas tendieron a promover la formaci\u00f3n de activos externos. En los viejos tiempos de Bretton Woods, cuando la movilidad de capitales era limitada y regulada en escala planetaria, quiz\u00e1s estas medidas habr\u00edan resultado una an\u00e9cdota olvidable, pero en un contexto global de apertura y movilidad casi irrestricta de capitales estas pol\u00edticas anacr\u00f3nicas fueron fatales. Los actores hicieron lo esperado por cualquier an\u00e1lisis macroecon\u00f3mico realista al escoger la opci\u00f3n m\u00e1s rentable del momento: dolarizar sus carteras. En 2011 volvi\u00f3 a presentarse, como de costumbre, la dominancia electoral: el gobierno se neg\u00f3 a aceptar la devaluaci\u00f3n del tipo de cambio que impon\u00eda la salida de capitales e impuso en su reemplazo las restricciones cambiarias conocidas como \u201ccepo\u201d. Surgi\u00f3 a partir de entonces una previsible brecha entre la cotizaci\u00f3n oficial y las paralelas, erosionando a\u00fan m\u00e1s la confianza en el peso. Esta anomal\u00eda condujo a una progresiva reducci\u00f3n de las reservas internacionales acumuladas durante el auge de los t\u00e9rminos de intercambio de los primeros a\u00f1os, ciclo con pocos precedentes hist\u00f3ricos.<\/p><p>Desde 2015, el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019), aunque cont\u00f3 con la ventaja inicial de acceder a los mercados internacionales de deuda voluntaria, condujo a la econom\u00eda argentina a un nuevo ciclo de endeudamiento insostenible \u2013como ocurriera en tiempos de la dictadura y del menemismo\u2013, llevando al pa\u00eds a una crisis cambiaria que no fue m\u00e1s desastrosa por el salvataje r\u00e9cord brindado por el Fondo Monetario Internacional, que deriv\u00f3 en el default de la deuda p\u00fablica en moneda local y en una nueva ronda de negociaciones para evitar la cesaci\u00f3n de pagos tanto con el organismo como con acreedores privados en moneda extranjera en el gobierno siguiente. Entre ambos gobiernos hubo un com\u00fan denominador: en ambas experiencias se busc\u00f3 sostener una cotizaci\u00f3n insostenible de la divisa estadounidense para que opere como ancla inflacionaria y como dispositivo fundamental para mantener en alto el humor social, es decir, como herramienta electoral. La diferencia, no obstante, no es menor: mientras el kirchnerismo busc\u00f3 hacerlo dilapidando las reservas internacionales, el macrismo lo hizo apelando a un oneroso endeudamiento en moneda extranjera que condujo a la Argentina (y solo a la Argentina, puesto que nada de esto ocurri\u00f3 en la mayor parte de la regi\u00f3n) a una renovada \u201ccrisis de la deuda externa\u201d. Finalmente, la experiencia del gobierno 2019-2023 y su interminable interna autodestructiva le sum\u00f3 a la crisis de deuda e insustentabilidad macro un aumento en la inflaci\u00f3n a los tres d\u00edgitos que erosion\u00f3 a\u00fan m\u00e1s el rol de la moneda local como reserva de valor.<\/p><p>La llegada a la presidencia de la rep\u00fablica del primer gobierno libertario no es ajena a esta trama, al contrario. Hasta mayo de 2024 su pol\u00edtica combin\u00f3 una fuerte devaluaci\u00f3n inicial con un severo ajuste fiscal, medidas que facilitaron la acumulaci\u00f3n de reservas. Si bien el costo recesivo de estas medidas no puede despreciarse, la acumulaci\u00f3n de reservas permit\u00eda anticipar una futura normalizaci\u00f3n macroecon\u00f3mica que pod\u00eda combinar la salida del cepo cambiario con una paulatina, aunque quiz\u00e1s jalonada por subas y bajas, reducci\u00f3n de la inflaci\u00f3n. No era descabellado esperar una suerte de \u201c<em>stop and go<\/em> con firulete financiero\u201d. Sin embargo, a partir de entonces, quiz\u00e1s cebados por los resultados de los primeros meses en materia de inflaci\u00f3n, recuperaci\u00f3n de los niveles de actividad y aprobaci\u00f3n popular, el gobierno apunt\u00f3 a preservar la apreciaci\u00f3n cambiaria a cualquier costo. Hoy el horizonte para salir del cepo se aleja cada vez m\u00e1s y todas las decisiones \u2013como apelar a un nuevo endeudamiento con el FMI\u2013 apuntan a llegar a las elecciones evitando la devaluaci\u00f3n y con niveles de inflaci\u00f3n, aunque insostenibles, a la baja. No se avizora un futuro donde el peso pueda recuperarse de forma sustentable.<\/p><p>La pregunta obligada es c\u00f3mo o cu\u00e1ndo se podr\u00e1 salir de esta din\u00e1mica viciosa. Hay evidencias suficientes para concluir que el pa\u00eds no est\u00e1 condenado al \u00e9xito. Antes de chocar contra la realidad de la gesti\u00f3n p\u00fablica y de la falta de divisas, el actual presidente sol\u00eda coquetear con la idea de dolarizar la econom\u00eda. \u00bfSer\u00e1 esa la forma de salir del laberinto? La dolarizaci\u00f3n no equivale a matar al minotauro, implicar\u00eda someterse a \u00e9l de manera definitiva. La tendencia es especialmente preocupante cuando se considera que estos ciclos de inviabilidad macroecon\u00f3mica son cada vez m\u00e1s cortos. En la Argentina todo gobierno est\u00e1 obligado a rendir examen cada dos a\u00f1os, supeditando toda decisi\u00f3n relevante a un calendario electoral en el que siempre se posterga el tratamiento (a veces necesariamente doloroso) de los problemas estructurales. Es necesario prestarle m\u00e1s atenci\u00f3n al car\u00e1cter cada vez m\u00e1s disfuncional de la dominancia electoral. Estabilizar la macroeconom\u00eda es el desaf\u00edo pol\u00edtico m\u00e1s importante que enfrenta el pa\u00eds, porque las condiciones necesarias para que la Argentina vuelva a tener una moneda con propiedades efectivamente dinerarias se muestran incompatibles con el modo como funciona la pol\u00edtica en la Argentina.<\/p><h5>Conclusi\u00f3n<\/h5><p>En las \u00faltimas d\u00e9cadas la econom\u00eda argentina sigui\u00f3 un sendero signado por una inestabilidad monetaria que la distingue de la mayor\u00eda de sus vecinos. Mientras otros pa\u00edses de la regi\u00f3n desarrollaron dispositivos institucionales orientados a garantizar condiciones de estabilidad macroecon\u00f3micas, imprescindibles en un contexto donde impera la movilidad internacional de capitales, la Argentina qued\u00f3 atrapada en un ciclo de crisis recurrentes. Estas crisis se ven cada vez m\u00e1s agravadas por estrategias de corto plazo y por la presi\u00f3n constante de las urgencias electorales sobre la pol\u00edtica cambiaria. Esta din\u00e1mica no solo erosiona la capacidad del Estado para implementar pol\u00edticas econ\u00f3micas sostenibles, sino que tambi\u00e9n debilita una herramienta fundamental en toda sociedad compleja y m\u00e1s a\u00fan capitalista como lo es la moneda, generando as\u00ed una econom\u00eda \u201cbimonetaria\u201d de facto.<\/p><p>Revertir este proceso exige un enfoque integral que busque consolidar instituciones de gesti\u00f3n macroecon\u00f3micas ajenas a los ciclos electorales de corto plazo. Esto implica crear un mercado de deuda en moneda local previsible y robusto, as\u00ed como establecer reglas de juego fiscales y monetarias realistas orientadas por metas de largo plazo. Mientras la recuperaci\u00f3n de nuestra moneda siga siendo una prioridad secundaria para las principales fuerzas pol\u00edticas o un esfuerzo con un posible costo electoral imposible de afrontar, la Argentina seguir\u00e1 atrapada en un c\u00edrculo vicioso de inestabilidad econ\u00f3mica cuyo impacto no solo se observar\u00e1 en su desempe\u00f1o absoluto sino tambi\u00e9n en su performance relativa con relaci\u00f3n al resto de la regi\u00f3n.<\/p><h5><span style=\"color: #808080;\">Bibliograf\u00eda citada<\/span><\/h5><p><span style=\"color: #808080;\">Crespo, E. y Fern\u00e1ndez Guasp, G. (2023): \u201c\u00bfR\u00e9quiem para el peso? Breve historia del colapso monetario\u201d, <em>Le Monde Diplomatique edici\u00f3n Cono Sur<\/em>, Buenos Aires.<\/span><br \/><span style=\"color: #808080;\">Hobsbawm, E.J. (1994). <em>The Age of Extremes: The Short Twentieth Century, 1914\u20131991<\/em>. Michael Joseph.<\/span><br \/><span style=\"color: #808080;\">Johnson, A.W., &amp; Earle, T. (2000). The Evolution of Human Societies: From Foraging Group to Agrarian State\u201d. 2nd ed. Stanford: Stanford University Press.<\/span><br \/><span style=\"color: #808080;\">Mann, M. (1986). The sources of social power: Volume 1: A history of power from the beginning to A.D. 1760. Cambridge University Press.<\/span><br \/><span style=\"color: #808080;\">Polanyi, K. (2001). The Great Transformation: The Political and Economic Origins of Our Time (2nd ed.). Beacon Press. (Original work published 1944).<\/span><br \/><span style=\"color: #808080;\">Tainter, J.A. (1988). The Collapse of Complex Societies. Cambridge: Cambridge University Press.<\/span><\/p><p>\u00a0<\/p><hr \/><hr \/><hr \/><p><strong><br \/>Notas:<\/strong><br \/><a id=\"foot1\"><\/a><a href=\"#text1\"><span style=\"color: #0000ff;\">1)<\/span> <\/a>Entendemos por sociedades complejas a las organizaciones humanas caracterizadas por la transici\u00f3n de grupos peque\u00f1os, generalmente agrupados por relaciones de parentesco, hacia organizaciones jer\u00e1rquicas e institucionalizadas compuestas por un n\u00famero no menor a los cinco mil miembros. Estas sociedades son estratificadas, el poder pol\u00edtico es centralizado, organizan sus actividades productivas mediante una divisi\u00f3n especializada del trabajo y generan excedentes (Tainter, 1988; Johnson &amp; Earle, 2000). <a href=\"#text1\"><span style=\"color: #0000ff;\">\u21d1<\/span><\/a><br \/><a id=\"foot2\"><\/a><a href=\"#text2\"><span style=\"color: #0000ff;\">2)<\/span><\/a> Crespo, E. y Fern\u00e1ndez Guasp, G. (2023). <a href=\"#text2\"><span style=\"color: #0000ff;\">\u21d1<\/span><\/a><\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-f5d1a85 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"f5d1a85\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-ab6229c\" data-id=\"ab6229c\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-d487711 elementor-widget elementor-widget-html\" data-id=\"d487711\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"html.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<!-- AddToAny BEGIN -->\n<div class=\"a2a_kit a2a_kit_size_32 a2a_default_style\">\n<a class=\"a2a_dd\" href=\"https:\/\/www.addtoany.com\/share\"><\/a>\n<a class=\"a2a_button_x\"><\/a>\n<a class=\"a2a_button_facebook\"><\/a>\n<a class=\"a2a_button_whatsapp\"><\/a>\n<a class=\"a2a_button_telegram\"><\/a>\n<a class=\"a2a_button_google_gmail\"><\/a>\n<a class=\"a2a_button_printfriendly\"><\/a><\/div>\n<script async src=\"https:\/\/static.addtoany.com\/menu\/page.js\"><\/script>\n<!-- AddToAny END -->\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-26a5570 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"26a5570\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\" id=\"autorxs\" data-settings=\"{&quot;background_background&quot;:&quot;classic&quot;}\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-fb7de15\" data-id=\"fb7de15\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-81562eb elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"81562eb\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<h6>Autorxs<\/h6><p><strong><br \/>Eduardo Crespo:<\/strong><br \/>Licenciado en Econom\u00eda (UBA) y Ciencia Pol\u00edtica (UBA) y Master y Doctor en Econom\u00eda por la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ).<br \/><br \/><strong>Gonzalo Fern\u00e1ndez Guasp:<\/strong><br \/>Licenciado en Ciencia Pol\u00edtica (UBA). Docente (UNAB).<br \/><br \/><strong>Gonzalo Guilardes:<\/strong><br \/>Economista (UBA). Socio y economista jefe de la Consultora Audemus.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>| Por Eduardo Crespo, Gonzalo Fern\u00e1ndez Guasp y Gonzalo Guilardes | El trabajo sostiene que la tradicional fragilidad monetaria en la Argentina tiene en el presente consecuencias m\u00e1s ruinosas que en el pasado, a partir de la idea de que la incapacidad del sistema pol\u00edtico de este pa\u00eds para responder a los cambios de \u00e9poca es el principal factor que explica el deterioro relativo de su econom\u00eda en relaci\u00f3n al mundo y la regi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":31274,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3548],"tags":[674,1396,3574,3575,3547,3573],"class_list":["post-31273","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-n-94","tag-argentina","tag-eduardo-crespo","tag-gonzalo-fernandez-guasp","tag-gonzalo-guilardes","tag-moneda","tag-peso"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31273","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31273"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31273\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":31296,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31273\/revisions\/31296"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/media\/31274"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31273"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31273"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.economicas.uba.ar\/extension\/vocesenelfenix\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31273"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}